En cumplimiento de sus labores, los trabajadores hicieron algún tipo de ruido que parecieron disparos
Esta explicación fue suficiente para que el edificio Rayburn, una de las sedes de la Cámara de Representantes, volviera a la normalidad después de haber alarmado al país.
Atrás quedaron cinco horas en las que la Policía del Capitolio, apoyada por agentes de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), selló el edificio: cordón policial, megafonía tranquilizadora e incluso un sistema de información de la situación a través de móviles.
Caos inicial
Tras un caos inicial por la falta de detalles, la movilización de equipos de respuesta rápida y la parálisis de las actividades legislativas en el edificio -en el lado del Senado todo seguía su curso normal-, la Policía informó de que no hubo tiros.
Una portavoz de la Policía, la sargento Kimberly Schneider, dijo que un empleado del Congreso hizo una llamada a las autoridades para informarles de que "le pareció oír disparos".
"Sólo eran tareas de rutina" de los trabajadores de construcción, enfatizó Schneider.
El incidente, que se inició a las 10.30 hora local (14.30 GMT), tuvo un final feliz en el que no hubo víctimas, ni daños materiales, pero sí algún ataque de pánico como el que sufrió una empleada del Congreso que tuvo que ser trasladada en ambulancia a un hospital.
La retransmisión en directo del desalojo de la enferma colaboró al incremento de los temores ya que se pensó que se trataba de un herido.
El incidente que la Policía trató como un "asunto muy serio" mantuvo en vilo a las autoridades del Capitolio.
Investigando el incidente
Aproximadamente cada media hora, se anunciaba por un altavoz que las autoridades continuaban investigando el incidente, mientras la Policía notificaba al personal retenido en su interior, sobre la inminente pesquisa de todo el edificio, uno de los tres que utilizan los legisladores de la Cámara de Representantes.
Cual escena de un drama policial, los agentes, con metralletas en ristre y caminando contra la pared y en cámara lenta, registraron el edificio sala por sala, incluso las instalaciones de tiro al blanco en el sótano, que los policías usan para sus entrenamientos.
Buscaron por todas partes al escurridizo autor de los disparos pero no lo encontraron.
Los "agresores", en realidad, resultaron ser unos inofensivos trabajadores de la construcción.


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