Ignacio González es el nuevo secretario general del PP de Madrid. A los efectos, ya ejercía como tal por concesión de Esperanza Aguirre, su mentora y patrocinadora. Así se lo reprochó este miércoles, tras conocer su destitución, Francisco Granados, que era la última piedra en el camino del delfín de la 'lideresa'.
Conoció a Aguirre en el Ministerio de Educación y no se ha separado de ellaGonzález, madrileño de 51 años, hizo amistad con Esperanza Aguirre cuando esta ocupó el Ministerio de Educación entre 1996 y 1999. Él acababa de llegar a la subsecretaría ministerial procedente del Ayuntamiento de Madrid, donde era funcionario y había ocupado varios cargos menores, entre ellos el de director de servicios de Cultura.
Sus caminos tomaron rumbos distintos cuando Aguirre pasó a la Presidencia del Senado, pero ya se habían hecho inseparables. Al recibir Aguirre la encomienda de sustituir a Alberto Ruiz-Gallardón como candidata del PP a la Comunidad de Madrid, no se olvidó de él. Tras el 'Tamayazo', le pidió que abandonase la Secretaría de Estado para la Extranjería y la Inmigración, que ostentaba en ese momento, y le convirtió en vicepresidente. Desde entonces, Ignacio González ha acumulado poder como ejecutor de las decisiones de su jefa de filas.
Mal visto por Génova
Acostumbrado a trabajar en la segunda línea, donde se tejen las estrategias, González revisa, según miembros del Ejecutivo, todas las propuestas que sus compañeros llevan al Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid antes de que estas lleguen a la mesa.
La dirección nacional del PP no le quiso en Caja MadridComo portavoz del Gobierno, y pese a que el contacto con los medios no le agrada en exceso, da respuesta cada jueves a cualquier tema, por espinoso que sea. Maneja el lenguaje político con soltura y no duda en responder (e incluso en cuestionar) de forma contundente a los periodistas cuando las preguntas le incomodan.
Su supervisión sobre la política general de la Comunidad y sobre el resto de consejeros del Gobierno resulta molesta para algunos de sus compañeros, que saben, pese a todo, que, cuando habla González, es Aguirre quien manda.
Sus colaboradores más estrechos reconocen que es concienzudo y "muy, muy trabajador", pero niegan la extensa influencia que se le atribuye, también sobre la presidenta. Las mismas fuentes rechazan que ambicione suceder a Aguirre cuando esta abandone la Presidencia de la Comunidad. Miembros de la dirección regional aseguran que Mariano Rajoy jamás permitirá tal relevo porque, de hecho, ya impidió que González fuese designado presidente de Caja Madrid. Su lugar lo ocupó finalmente Rodrigo Rato.
Nacho, como solo le llaman sus próximos, lideró además la ofensiva que el PP de Madrid lanzó contra Rajoy cuando este fue reelegido secretario general en el Congreso de Valencia en 2008. Su ascenso a la secretaría general sí supone, sin embargo, que Aguirre refuerce la cúpula madrileña ante cualquier intento de desestabilización.
El 'caso espías'
Sus enfrentamientos con Francisco Granados, el último en salir del Gobierno regional, no eran ningún secreto. Tampoco que Aguirre había llegado a advertir a ambos que, en el momento en el que sus disputas saltasen más allá de los muros de Génova o de la Puerta del Sol, habría consecuencias.
Denunció haber sido espiado en un viaje a Colombia como presidente del CanalSobre el papel, Granados era el secretario general del partido, el 'número 2' de la formación solo por detrás de la presidenta. En la práctica, González tenía mando en plaza. Por eso, al desvelarse los supuestos espionajes llevados a cabo por funcionarios de la Consejería de Presidencia, Justicia e Interior, dirigida por Granados, el exalcalde de Valdemoro quedó en jaque.
Los medios de comunicación revelaron vídeos que, supuestamente, probarían que Ignacio González también habría sido víctima de seguimientos durante un viaje a Colombia como presidente del Canal de Isabel II.
La Justicia nunca equiparó las supuestas vigilancias a González con las ejecutadas sobre el entonces consejero del Gobierno regional Alfredo Prada o sobre el vicealcalde de Madrid y mano derecha de Alberto Ruiz-Gallardón, Manuel Cobo. Pese a ello, y según fuentes 'populares', Granados ya había quedado sentenciado. "Aguirre nunca ha dudado de quién era su favorito", concluye un miembro del equipo de la presidenta.
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