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Hay maneras de viajar en tiempos de crisis; maneras de reducir gastos sin afectar a lo fundamental: la voluntad y la curiosidad para viajar, mirar y descubrir. El alojamiento es junto al transporte el mayor gasto de cualquier viaje. Sacrificando lujos y comunidades podemos pasar la noche por poco dinero. A cambio, seguro que conocemos personas e historias que nos enriquecerán. Hablamos de los albergues.
De su buen precio habla este ejemplo: a los menores de 25 años, el albergue de Palma, a 300 metros del mar, les cuesta 9 euros en temporada baja, 12,40 en la media y 14,50 en la alta e incluye el desayuno. Quienes hayan cumplido los 26 años deberán pagar... un euro más!!!
Cuenta Consumer, que como sucede con los hoteles, los hostales y las pensiones, también en este tipo de alojamiento la calidad varía de unos a otros. Sin embargo, los albergues no están clasificados por estrellas, como ocurre con otros establecimientos.
Es habitual que cuenten con zonas comunes, como sala de televisión o comedor. Muchos tienen cocina donde los huéspedes pueden hacerse la comida y utilizar para ello los utensilios que están a disposición de los viajeros: sartenes, cazuelas, etc. Todos estos espacios comunes hacen que los albergues sean lugares que favorecen el diálogo y el intercambio cultural de las personas que en ellos se alojan.
Grandes dormitorios, muchas camas
Hay que tener en cuenta el tipo de habitaciones que oferta el establecimiento. Muchos albergues tienen grandes dormitorios en los que se hospeda un gran número de personas. Es probable que 16, 20 o 30 huéspedes, muchos desconocidos entre sí, compartan un mismo cuarto con hileras de camas o literas.
Cada vez es más frecuente encontrar habitaciones individuales o dobles que, a un precio algo más elevado pero sin llegar al coste de un hotel, permiten disfrutar de un poco de intimidad durante el viaje.
En cuanto a los cuartos de baño, las habitaciones dobles lo tienen casi siempre dentro de la habitación, aunque también puede estar fuera y ser compartido. En los dormitorios con muchas personas, es más frecuente que haya un gran servicio en cada planta con varios inodoros y duchas.
Para todos, pero con preferencia a los jóvenes
Aunque por su precio y las condiciones del alojamiento los albergues están dirigidos sobre todo a jóvenes, este tipo de establecimientos permite la entrada a personas de cualquier edad. No obstante, en el supuesto de que haya pocas plazas, en la reserva dan preferencia a los menores de 26 años.
Algunos de estos centros tienen una estricta normativa con respecto a los horarios. Entre las 23:00 y las 7:00 horas, casi siempre, el acceso está prohibido.
Los amantes del turismo cultural cuentan en España con una amplia red de albergues en los que pueden pernoctar. También hay numerosos establecimientos repartidos por espacios naturales de interior, sierras, pequeños pueblos en los que se puede practicar el turismo rural y de aventura. Las localidades costeras acogen un sinfín de albergues donde pasar unos días.
El carné de alberguista
Para hospedarse en uno de los 250 establecimientos gestionados por la Red Española de Albergues Juveniles (REAJ), es necesario tener un carné expedido por este organismo. También se acepta en los 4.000 centros repartidos por todo el mundo que se acogen a Hostelling International.
Existen cuatro categorías:
- Joven: menor de 30 años. Se pagan 5 euros por el carné.
- Adulto: a partir de 30 años. Cuesta 12 euros.
- Familia: vale para el matrimonio y los hijos. Asciende a 24 euros.
- Grupo: con al menos 10 integrantes. Cuesta 15 euros.
Esta identificación se expide tanto en los puntos de información juvenil como en los propios albergues y se puede obtener con la sola presentación del DNI o el pasaporte y el abono de su importe. Su validez es de 12 meses.


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