Erykah Badu levantó los brazos con ampulosidad como si quisiera sostener la corona que los entendidos le han otorgado de diosa de neosoul y se ajustó el sombrero de ala ancha que le cubría medio rostro –llevaba un abrigo verde chillón ajustado, botas amarillas y estola de visón, de los que más tarde se desprendería-. Después, miró a la audiencia de medio lado. No se movió hasta que sintió la veneración del público en forma de aplauso entregado. Las palmas le hacían cosquillas, casi le arrancan la sonrisa, pero logró cultivar el misterio conteniendo el gesto y manteniendo rígidos los hombros puntiagudos.
La voz sonó seductora al entonar los primeros compases de The Healer, uno de los singles de New Amerykah Part One (4th World War) que años atrás la consagró como una de las representantes de la renovación de la música negra. Antes, toquiteó nerviosamente una caja de ritmos con forma de tocadiscos de la que salieron silbidos alienígenas, marimbas o ritmos de batería, aportando un breve sabor futurista.
El concierto se centró en el funk y el soul, dejando en un segundo plano los alardes futuristas Así, bañado por una luz blanca, arrancó el viernes el concierto de la tejana en Madrid, el primero de los organizados por la Red Bull Music Academy. Un directo cuyo hilo conductor se tejió en torno al funk, el rhythm & blues y el funk cálidos y refinados, y empujando a un segundo plano los alardes experimentales con los que la artista enloquece ocasionalmente sus discos.
Cuatro brillantes coristas y media docena de músicos, uno de ellos a cargo de una tableta similar a una caja registradora sobre la que parecía pesar gran parte del acompañamiento musical, reforzaron el espectáculo, que se avivó a medida que avanzaba y se sucedían las canciones más conocidas de la artista, desde On and on o Love of my life a Annie don’t wear panties, Soldier y 20 Feet Tall.
Todas ellas fueron celebradas con una gran ovación por el público, al que no pareció importar que la artista se hubiera centrado en una puesta en escena sencilla, a ratos hierática, y hubiera olvidado el desgarro con el que se retorcía en el videoclip Out of my mind (1er. Movimiento), perdida en un revoltijo franco de camisón de algodón, piernas y ropa interior. Sí hubo, en cambio, numerosas poses dignas de gran diva, mucha elegancia, contoneos moderados y un largo discurso de la norteamericana alentando a los ciudadanos a alzarse contra los Gobiernos.
Estas palabras anticiparon el final de un espectáculo en el que los asistentes –entre ellos, estadounidenses, jóvenes de cuidado aspecto afro y treintañeros amantes de la modernidad- intercambiaron gestos de satisfacción a su término. Algo así como si hubieran degustado en una de las barras más chic y selectas de la ciudad un Dry Martini, ese cóctel que los barman califican como "el más glamouroso, versátil y sensual" y que se bebe a sorbos cortos, mostrando bien la copa a los demás y sin despintarse los labios.
- Los actos de la Red Bull Music Academy se prolongan hasta el 25 de noviembre. Consulta aquí la agenda.


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