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Amnistía considera 'crueles e inhumanas' las cárceles cubanas

Amnistía califica de 'crueles e inhumanas' las prisiones cubanas
Reuters (Reuters)
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MADRID (Reuters) - Cuba tiene encarcelados al menos a 71 presos de conciencia, a menudo en condiciones 'crueles e inhumanas' e ignora las quejas sobre palizas y abusos de los guardias penitenciarios, afirmó Amnistía Internacional en un informe dado a conocer el viernes.

Dos años después de la ola de represión más dura desde la revolución de 1959, el gobierno comunista de Cuba sigue suprimiendo con contundencia la libertad de expresión pese a la presión internacional, añadió esta ONG.

'Todo lo que hay que hacer en Cuba para pasar meses o incluso años encarcelado es estar en desacuerdo con las autoridades', dijo el informe.

El documento se publica coincidiendo con la sesión anual de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, en la que Cuba es uno de los principales temas de debate.

Colaborar con organizaciones de derechos humanos, publicar artículos, dar entrevistas a medios de comunicación críticos del gobierno o ponerse en contacto con funcionarios estadounidenses en Cuba o con la comunidad cubana en el exilio son motivo de largas condenas de hasta 28 de cárcel, dijo Amnistía.

Gerardo Ducos, investigador de Amnistía para Cuba, dijo que era casi seguro que había más de 71 presos de conciencia en Cuba pero que no había sido posible revisar los expedientes judiciales de más casos, ya que la organización tiene prohibida la entrada en la isla desde 1988.

FIN DEL EMBARGO

Sin embargo, Amnistía también pidió a Washington que levante el embargo unilateral que mantiene sobre Cuba porque contribuye a socavar derechos civiles y políticos clave y sirve al presidente Fidel Castro como pretexto para perseguir a los disidentes.

La mayor organización de defensa de los derechos humanos citó cuatro casos de malos tratos de presos de conciencia a manos de guardias penitenciarios durante el último año.

Juan Carlos Herrera Acosta, que cumple condena de 20 años, fue golpeado en octubre del 2004 por un grupo de guardias mientras estaba esposado. Los guardias le pisotearon en la garganta hasta que perdió el conocimiento, explicó el informe.

Al menos nueve presos recibieron un trato 'cruel, inhumano y degradante', al estar recluidos de manera permanente en celdas de castigo de dimensiones muy reducidas - de dos por un metro - sin luz natural ni condiciones sanitarias mínimas por períodos de dos a cuatro meses.

A los presos no se les dejó salir ni recibir visitas o hacer ejercicio, y en ocasiones tampoco se les permitió vestirse.

El disidente Normando Hernández González pasó cuatro meses en una celda de castigo al término de su huelga de hambre de 17 días, realizada por haber sido trasladado y recluido con presos comunes.

PROTESTAS EN CUBA

En La Habana, unas 30 esposas y madres de prisioneros del grupo encarcelado en marzo del 2003 protestaron el viernes exigiendo la excarcelación de 'todos los presos políticos', al cumplirse el segundo aniversario de una ola represiva contra la disidencia.

Las mujeres, conocidas como 'las damas de blanco' porque llevan su vestimenta del mismo color a la usanza de las Madres de Plaza de Mayo de Argentina, iniciaron tres días de protesta haciendo ayuno, rezando y tenían prevista para el domingo una misa y posterior caminata.

'No nos van a engañar con la falsa realidad del gobierno cubano, estamos pidiendo solidaridad con nuestros esposos presos', dijo Alejandrina García.

Junto a estas mujeres se encontraban tres ex-presos del grupo de los 75, Manuel Vázquez Portal, Margarito Broche y Manuel Valdés, quienes fueron puestos en libertad el pasado año con una 'licencia extrapenal' por motivos de salud.

Cuba ha rechazado los llamamientos internacionales para que libere a los presos políticos aunque ha ofrecido negociar con la Unión Europea acerca de las condiciones de las prisiones y los derechos humanos, después de un reciente descongelamiento de las relaciones con el bloque de 25 naciones.

En el 2004 y principios del 2005 se liberaron a 19 presos de conciencia, 14 de los cuales fueron excarcelados de manera 'condicional', sabiendo que podrían ser detenidos de nuevo en cualquier momento, aseguró Amnistía.

A pesar de todo, Amnistía no incluye a Cuba entre sus prioridades en el continente americano, que son Estados Unidos, Brasil, Colombia y México. La organización denuncia malos tratos en la base militar estadounidense en Guantánamo, en Cuba donde Washington mantiene a unos 540 'combatientes enemigos', muchos de ellos de Irak y Afganistán.

/Por Daniel Flynn, con colaboración de Nelson Acosta en La Habana/.*.

7 Comentarios
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Dice ser Abel
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Dice ser Abel, 18.03.2005 - 17.40h

Sensasionalista diria yo! Tamaña disertacion de patrañas!

Pobres disidentes! ... o mejor aun! ...''presos de conciencia ''... que yo sepa a quienes cobran un salario constante y sonante de la CIA se les llama ESPIAS y no 'presos de conciencia'; ninguna diferencia por que lo que hagan sea poner bombas o escribir falsedades... si te paga una potencia extrangera por ello eres un ESPIA!

Y una pequeña nota a final de pagina mencionando a los ''540 ´combatientes enemigos´, muchos de ellos de Irak y Afganistán. que tienen presos los EUA (*Paladin de la Democracia y la Libertad*) violandose toda libertad, derechos humanos, derecho internacional y cuanta norma civilizada...
''
como para quedar bien...

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Dice ser Lazaro Echemendia
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Dice ser Lazaro Echemendia, 29.03.2005 - 11.19h

Hola me llamo Lazaro Echemendia. Soy cubano e hice periodismo en Cuba para Cuba Press junto a Raul Rivero. Aqui les envio la cronica de como sali de Cuba que creo pude interesar mucho a sus lectores. Si les interesa publicarla en alguno de sus suplementos solo me interesaria conocer la fecha.
Para confiramr si soy quien digo ser pueden encontarr articulos mios en la pagina www.cubaencuentro.com que se edita en Espana
Gracias y un abrazo.


Acabábamos de subirnos a la cama del camión cuando el gordo, arrastrando sudoroso una mochila enorme se sentó a mi lado y me dijo. ¿Tu estas preparado para morir? La pregunta me tomo desprevenido, no solo por escucharla en boca de un desconocido, sino porque aquel camión que ahora se movía con mas de treinta personas a bordo por las calles de La Habana , iba camino de algún punto de la costa desde donde una lancha rápida nos sacaría de Cuba aquella noche. Nosotros estamos muertos, continuo diciendo el inoportuno cabezón, si estamos aquí es mejor que nos demos por muertos. Yo mismo estoy muerto, así que si me muero no importa porque ya yo estaba muerto.
Era una calurosa tarde de finales del 2001. Después de varias semanas de espera, desconocidos de todas partes de la isla, recuerdo a varios camagüeyanos entre ellos, nos reuníamos por fin en una esquina habanera para una "salida ilegal", termino reservado por las autoridades de la isla para la más común aventura marítima de sus ciudadanos. Todos traíamos impregnado en el rostro el estrés de la espera, la familia que quedaba atrás, las despedidas, las sutilezas para decir adiós sin decirlo, las continuas llamadas telefónicas del “abogado” anunciando la posposición del viaje debido al mal tiempo, pero sobre todo el sabernos ahora a merced de la suerte, del mar, de los imprevistos del estrecho de la Florida, donde navegar de noche, segun decían, era como caminar a oscuras. Miles perdían la vida cada ano tratando de "saltar el charco", abundaban las historias de barcos que perdían el rumbo, que se quedaban sin combustible a mitad de travesía o que sencillamente se deshacían sobre las aguas, de tormentas que se formaban en cuestión de minutos levantando olas como montanas, de gente delirando por la sed, de tiburones acechando, de náufragos que pasaban semanas sobre un islote abandonados a su suerte, dos de mis amigos entre ellos quienes se vieron forzados a beber su propio orine para sobrevivir al sol y la desecación.
Era por demás mi primer enfrentamiento con el océano, mis más largas travesías hasta entonces no pasaban de tomar la lanchita de Regla los fines de semana para ir a almorzar con mi familia del otro lado de la bahía. Sobre supervivencia en el mar a decir verdad conocía muy poco, nada en comparación con Romelio, mi nuevo compañero de aventuras, quien no paraba de dar muestras de su erudición en el tema. Si nos vamos a pique, me instruía, tienes que mantener la calma, este montón de mujeres van a empezar a gritar como locas y se nos van a venir encima para que las salvemos, si te dejas agarrar te hunden con ellas, así que suéltate, busca algo que flote, y espera
Recuerdo que en algún momento cuando todavía no salíamos de la ciudad se nos pidió a todos que nos acostáramos como pudiéramos sobre el piso de metal, y así, de tan sui géneris manera transcurrió mi despedida de La Habana, de frente al cielo azul, observando desde muy cerca el alumbrado publico repleto de pajaritos y las cúpulas de edificios que alguna que otra ocasión logre reconocer. La primera parte del viaje transcurrió sin mayores contratiempos. Al entrar a Pinar del Río alguien vino desde la cabina delantera del camión para informarnos sobre los detalles finales de la operación. Era el guía. La lancha, nos dijo, nos iba estar esperando en la costa a las once de la noche, tendríamos que bajarnos del camión en silencio y caminar unos metros sin pronunciar palabra hasta la playa.
El trayecto a partir de entonces vino a ser mas largo de lo que imaginábamos, llevándonos a través de infinidad de caseríos desolados y completamente a oscuras, casas destruidas, árboles arrancados de raíz e infinidad de escombros daban un toque aun mas tétrico a aquellos pueblitos fantasmas. Tres días antes , el mismo huracán responsable de la continua posposición del viaje, había por fin atravesado por el extremo occidental de la isla arroyando con todo sus paso. El desastre se hacia mas evidente en tanto mas nos acercábamos a la costa, a menudo nos vimos obligados a detenernos para entre algunos hombres despejar la carretera de árboles. Para entonces ya sabia yo que Romelio era medico y hasta hacia dos semanas jefe de la sala de ortopedia del hospital de Camagüey, cosa que corroboro mas tarde con un carné. Traía en su maleta un chaleco anaranjado fosforescente que le había proporcionado su hermano, marinero de profesión, para mejorar sus chances de ser avistado por un avión en caso de que el barco zozobrara. Ah y en el agua es preferible no nadar, me dijo, la gente piensa que nadando el cuerpo se mantiene caliente cuando en realidad sucede todo lo contrario, si nadas te congelas mas rápido.
A las once en punto llegamos a la playa, una nube de mosquitos nos recibió enardecida por el sorpresivo banquete. Todos nos protegimos como pudimos del enjambre y así pasamos mas de una hora esperando por la lancha hasta que se hizo imposible soportar un minuto mas, sobre todo por la forma en que los terribles insectos se ensañaron con los mas pequeños de la expedición. Los padres exigieron el regreso y al guía no le quedo mas remedio que aceptar. Regresamos a La habana, caballero’ dijo una vez que todas estuvimos instalados otra ves sobre el descomunal artefacto. Saco un teléfono celular de su bolsillo e intento hacer una llamada sin éxito, mas tarde supe que no era yo el único entre los expedicionarios que por primera vez veía uno de aquellos aparatos fuera de una película americana.
No obstante la frustración el regreso fue sorprendentemente ameno. Ya no nos veíamos unos a otros como extraños. sino como cómplices. Si no resulto no era culpa nuestra. No habíamos sido delatados y por tanto podíamos confiar, sentirnos como si nos conociéramos de siempre, como veteranos de viejas campanas. Algunos de los más fogueados comenzaron a narrar las vivencias de expediciones anteriores. Para una pareja de jovencitos de Cárdenas se trataba de su séptimo intento. En una ocasión, contaron, llevaban dos días esperando por una lancha en un cayo de la zona de Caibarien, cuando despertaron en medio de una lluvia de bombas y ráfagas de ametralladoras incrustándose por todas partes. Estaban atrapados en medio de una práctica militar de la infantería cubana y de no haber sido por un helicóptero que los avisto en medio del cañoneo, de seguro, dijeron, no estuviéramos ahora haciéndoles el cuento. Tres meses les tomo tras las rejas para convencer a la Seguridad del Estado de que solo estaban esperando una lancha que los venia a recoger de Miami y nada tenían que ver con aquel caso de espionaje militar con el querían implicarles.
Mas de una hora llevábamos de camino cuando el camión se detuvo y el guía vino otra vez desde la cabina. Caballero, no dijo, hubo problemas pero la lancha va camino de la costa y va a estar allí en dos horas, así que tenemos tiempo suficiente, para el que no este dispuesto a regresar este es el momento. Pero nadie parecía estar dispuesto a dejar pasar una segunda oportunidad, el camión giro lentamente en redondo y desanduvo el camino hasta la playa. La fuerte brisa que nos recibió esta vez había arrastrado la nube de moquitos consigo, haciendo menos fastidiosa la espera Era una noche hermosa y clara, con la luna escalando en el horizonte y un oleaje impetuoso rompiendo sobre la arena. Alguien me susurro al oído que la luz de aquel faro no muy lejos de donde nos encontrábamos anunciaba a los barcos la proximidad del cabo del cabo de San Antonio, justo el lugar donde acababa la isla.
Transcurrió otra hora sin que apareciera lancha alguna. El guía trato varias veces de comunicarse con su celular pero estábamos, nos dijo, demasiado lejos de La Habana para que la señal llegara hasta allí. Nadie lo podía creer cuando nos vimos otra vez camino de la ciudad, abatidos por la frustración y cansados hasta los huesos. Teniendo por enésima vez que soportar la misma plancha de acero bajo nuestras nalgas, un verdadero martirio para entonces.
Solo unos pocos permanecíamos despiertos cuando el celular capto por fin la señal y desde el otro lado nos comunicaban que la lancha estaba en la playa. Amanecía para entonces, habíamos avanzado mas de cien millas cuando la noticia volvió a caldear el ambiente, esta vez con tintes dramáticos. Señores, hablaba el guía con voz excitada, el riesgo ahora es muy grande, tenemos que echar combustible rápido y vamos a tener que volar, esa gente nos esta esperando allí y los guardafronteras pueden detectarlos. Mientras hablaba, el chofer subió a la cama para reabastecer de combustible la maquina y por primera vez pudimos ver el rostro de quien literalmente manejaría de ahora en lo adelante nuestras vidas. Unos pocos minutos le tomo la operación, suficientes para que se dieran algunas breves despedidas y la tripulación quedara reducida a a veinticinco. No se preocupen que a mi me dicen fangio en La Habana, dijo el chofer una vez que todo estuvo listo y salto a posicionarse de nuevo tras el volante. Acelero con potencia la maquina y como para justificar la comparación con el celebre argentino, con un giro súbito dibujo un arco sobre el pavimento y apunto el camión en dirección a occidente. Ambos lados de la carretera que antes habíamos recorrido con relativa tranquilidad parecían ahora unirse en un mismo punto adelante, era como si voláramos en el lomo de una bala. !Agárrense fuerte! grito una voz mientras se podían escuchar el aumento endemoniado de las revoluciones del motor. Los niños comenzaron a gritar aterrados y junto con ellos los padres, suplicando a gritos a los de la cabina que redujeran la velocidad, algo para entonces imposible. El pánico no tardo en apoderarse de todos, dicho mas de cubana manera, no hizo falta que tronara para que muchos se acordaran de Santa Bárbara, otros de San Lázaro, de La santísima Caridad, nunca antes había sido yo testigo de semejante muestra de pluralidad religiosa. Por mi parte solicite también mi cuota de protección y me aferré bien a fuerte a unos salientes que encontré en las paredes. Solo uno de los protagonistas de lo que para entonces se había convertido en una pesadilla, parecía tranquilo, y sin dejar de dar su toque de aliento a los demás. Señores, tranquilícense, decía con cadencia de sacerdote en la voz, nosotros estamos muertos.
A juzgar por los hechos - atravesamos cada pueblo prácticamente en cuestión de segundos- ni todo el poder de los Orichas juntos era suficiente para poner cordura en las conciencias de los de la cabina, por lo que de repente las invocaciones a los dioses devinieron en maldiciones a toda voz en contra del chofer y su compañero de asiento. Yo, mientras tanto luchaba por despejar de mi mente un antojo maquiavélico de mi subconsciente, el recuerdo de un accidente de camión donde un montón de tanques cargados de combustible, muy parecidos a los que tenia a mi lado, habían cobrado una cuota enorme en el desastre, lo peor fue cuando pensé en mi certificado de defunción y la estúpida frase “ Muerte por aplastamiento”. Fue entonces cuando no me quedo mas remedio que sumarme también al griterío. Entretanto alguien encontró un tubo de hierro lo suficientemente largo como para golpear el techo de la cabina y luego de algunos porrazos el camión por fin se detuvo. Llegábamos al clímax de la jornada, muchos en realidad no sabíamos ahora que hacer, si bajarnos y terminar de una vez con aquella pesadilla o confiar en que a partir de aquí nuestros conductores pondrían un poco mas de cuidado al manejar. Muy pronto los apenas dieciséis –varios niños para mi sorpresa- que nos decidimos por la segunda opción caeríamos en nuestro error.
Era la sexta vez que enfrentábamos la misma esquina y recordaba perfectamente la casita pequeña que antes me había llamado la atención por ser la única peligrosamente ubicada al final de una curva tan cerrada. No era posible que el hombre no redujera la velocidad esta vez. Ni siquiera el mismísimo Fangio habría sido capaz de entrarle a aquella curva infernal en la forma en que aquel hombre lo hizo, controlando un camión de mas de veinte toneladas, girando casi en redondo con la mitad de sus doce ruedas en el aire. Definitivamente este viaje era una fuente de nuevas emociones, hasta no entonces no sabia cuanto de verdad encerraba aquello de que el miedo los sube a la garganta.
Otra nueva contingencia nos recibió en la costa, habíamos sido descubiertos, al menos por este inesperado centinela que machete en alto parado en medio de la carretera nos hacia senas para que nos detuviéramos, nada mas lejos de nuestras intenciones. Confiando tal vez en su apariencia feroz, al campesino -otros prefirieron llamarlo chivato e’ mierda- por poco no le alcanza el tiempo para hacerse a un lado. En efecto, la lancha estaba allí, pudimos verla cuando se acabo la carretera y el camión siguió de largo aplastando cuanto arbusto se atreviera a interponerse entre nosotros y el agua. O mas bien entre nosotros y la lancha porque el camión para sorpresa de todos siguió adelante cuando finalmente penetro en el agua.

Nos detuvo el oleaje. Esto es cosa de película, pensé cuando salte al agua y me vi de repente sumergido hasta el pecho, con mi mochilita mínima de balsero en alto y avanzando en dirección a la lancha. Todos nos ayudamos unos a otros para poder superar los pocos metros que faltaban para alcanzar la embarcación, en tanto los niños iban a salvo sobre los hombros de sus padres. Esto es como los expedicionarios del Granma, bromeo alguien, pero al revés. Humeante todavía, silenciado una vez que el mar le inundo el motor quedaba detrás el sorprendente artefacto. Ahora eran los cuatro poderosos motores de la cigarreta –así llamamos en Cuba a estos cohetes marinos- los que rugieron con ensordecedora potencia y como un bólido salimos disparados sobre las aguas. Mire hacia atrás y vi la línea verde de la costa haciéndose cada vez mas larga en la distancia, el sol se elevaba un poco mas arriba del faro, es este el ultimo recuerdo que guardo de mi tierra.

El resto del viaje vino a ser un autentico paseo, una tranquila excursión hasta la libertad. Tuvimos incluso el privilegio de que mar adentro nos esperara un barco mayor, una lujosa maravilla equipada con la mas moderna tecnología, donde entre cervezas, comida abundante y sobre todo mucho por lo que brindar, pusimos proa hasta tierra firme. Desde mi ventana redonda, junto a la que pase casi todo el tiempo sentado, divise barcos de todo tipo navegando en todas direcciones, a ratos me entretenía también contemplado el espectáculo que con sus divertidos saltos nos regalaban los delfines. Los niños, vencidos por la fatiga y el insomnio quedaron inmediatamente rendidos sobre la espléndida cama que ofrecía el camarote principal. Íbamos guiados por el satélite, según nos informo el capitán de la nave. El radar nos alertaba sobre posibles peligros, desde tenebrosas tormentas acechando mas allá del horizonte hasta los no menos temibles guardacostas. Así transcurrieron varias horas de travesía en las que no hubo que lamentar mas que unos pocos aquejados con vómitos, algo bastante común en estos casos. Lo peor en realidad ya había pasado, y curiosamente no había sido en el mar.

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Dice ser Karina Herrera
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Dice ser Karina Herrera, 06.04.2005 - 23.48h

Hola mas que comentario necesito ayuda quiesiera saber si alguien podria poporcionarme las direcciones y telefonos de las carceles que se encuentran en miami florida, seria de muy buena ayuda ya que necesito averiguar de una persona que se encuentra detenida en una de ellas pero no he podido comunicarme con ella. gracias de ante mano les juro que esta infinitamente agradecia .. me la pueden mandar a lunitajk@yahoo.com GRACIAS GRACIAS GRACIAS

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Dice ser leneth taylor
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Dice ser leneth taylor, 24.04.2005 - 03.44h

necesito un gran favor y de mucha ayuda me serviria si me proporcionaran la informacion acerca de las carceles en la florida, nombres, direccion, telefonos y direccion de la web y correo electronico ya que necesito averiguar sobre el padre de mi hijo que se encuentra detenida y no he podido comunicarme con el ya que cambie de direccion me la pueden enviar al correo shanythebest@hotmail.com
gracias por su colaboracion

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Dice ser martha ruque vargas
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Dice ser martha ruque vargas, 23.05.2005 - 18.58h

hola , necesito ayudA , TENGO UN HERMANO QUE SE ENCUENTRA PRESO EN UNAS DE LAS CARCELES DE EU, HACE DOS AÑOS QUE NO SABEMOS NADA DE EL , MI PADRE ESTA MUY VIEJO Y ENFERMO Y SU UNICA PREOCUPACION ES SABER DE SU HIJO ANTES DE MORIR .
el estuvo recluido enminesota correctional facility rush city 7600 25th street rush city mn 55069.

tambien estubo en yeferson country detection center 102 west streetwaurika oklahoma city 73573.
la ultima vez que se supo de el fue hace dos años que dijeron que lo iban a cambiar, pero no nos han dicho hasta ahora donde se encuentra.
sus datos son : ALBERTO RUQUE VARGAS
el es ciudadano cubano, en estos momentos el tiene 48 años. les agradeceriamos mucho que nos averiguaran en estos momentos en que lugar el se encuentra recluido , para poder constatar con el , y poder quitarle esa preocupacion a mis padres . sin mas .martha

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Dice ser katya lopez
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Dice ser katya lopez, 24.08.2005 - 22.30h

HOLA NECESITO QUE ME AYUDEN CON LAS DIRECCIONES,TELEFONOS,CORREOS DE LAS CARCELES DE LA FLORIDA,TENGO UNA PERSONA QUE AMO MUCHO Y NO HE SABIDO NADA DE EL.CUALQUIER INFORMACIÓN ESCRIBANME A ESTA DIRECCION.klo_linda@hotmail.com
LES AGRADEZCO Y QUE DIOS LES BENDIGA!

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Dice ser George
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Dice ser George, 06.07.2006 - 19.57h

Acabo de leer un comentario tuyo, Alex 1, acerca de los disidentes cubanos, tildándolos de agentes de la CIA. Tamaña estupidez solo es comparable con la actitud y el discurso del gobierno cubano. Creo que quien debe buscar su cheque eres tú, pues es obvio que el tirano Castro te paga.
Tienes un marcado sentimiento anti-norteamericano, mezclado con un fingido desconocimiento malicioso e irrespetuoso de la realidad cubana. A las personas que apoyan a la dictadura de Fidel Castro, yo los acusaría de cómplices de asesinato. Sigue con tus estupideces mentales de asesinato intelectual. Allá tú con tu pobre, ciega y limitada inteligencia.

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