John Atkinson Grimshaw (1836-1893) dejó a los 24 años un trabajo estable en el creciente negocio de los ferrocarriles británicos de la era victoriana para ser artista. Su padre (policía) y su madre (tendera en un puesto de frutas y verduras) pusieron el grito en el cielo.
En las primeras obras se adivinaba cómo se rendía a la influencia de John Ruskin y los prerrafaelistas, pero pronto encontró un camino en la atmósfera romántica y borrosa que luego caracterizó sus paisajes y le hizo famoso.
Los cuadros nebulosos de Atkinson Grimshaw incluso inspiraron a Tim Burton en las escenografías de Sweeny Todd,el barbero diabólico de la calle Fleet (2007), que encontró en las obras el ambiente que quería capturar en la película. "El tratamiento de los reflejos y los efectos de la bruma y la niebla son maravillosos", declaró Gary Brozenich, que supervisó los efectos visuales del largometraje.
Este año se cumple el 175 aniversario del nacimiento del pintor inglés del siglo XIX. La veterana galería londinense Richard Green clausura este domingo una exposición con la envolvente obra de Atkinson Grimshaw. La muestra sirve de preludio a la que organiza la Guildhall Gallery: la más grande dedicada al autor en más de 30 años.
Melancolía, soledad y mortalidad infantil
Gozó de un éxito casi instantáneo. En 1870 ya se pudo trasladar con su familia a una elegante mansión del siglo XVII en Leeds, que amuebló con muebles artísticos y objetos exóticos que aparecieron también en sus pinturas, con mujeres de la próspera clase media vestidas a la moda posando.
La alta mortalidad infantil se cebó sin embargo con él y su prima Fanny (con la que se casó). De los primeros cinco hijos que tuvieron, perdieron cuatro en el nacimiento o poco después. Llegaron a nacer 15 niños en casa del pintor y sólo sobrevivieron 5. Los críticos achacan a este suceso el sentimiento de melancolía y soledad de muchos de los trabajos del artista.
Cayó en el olvido. La bancarrota llegó tan rápido como el enriquecimiento.
Mansiones inventadas envueltas en brumas, paisajes industriales convertidos en poéticos gracias a las sombras y a los efectos poéticos de la iluminación más poética... Aunque de refinada calidad artística, la obra de Atkinson Grimshaw cayó en el olvido antes de que él muriera, provocando su bancarrota tan rápido como su enriquecimiento.
Hasta los años setenta del siglo XX sus cuadros no volvieron a brillar ante los ojos del público. Los precios de la obra del misterioso pintor han pasado de costar miles, a cientos de miles de libras en las subastas británicas.


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