El actor Carlos Areces (Madrid, 1976) ha estado presente en el Festival de Sitges y por partida doble. Es uno de los protagonistas de la comedia con hombres lobo titulada Los lobos de Arga, ambientada en Galicia y dirigida por el madrileño Juan Martínez; y también de Extraterrestre, de Nacho Vigalondo.
¿Su primera vez en el Festival de Sitges?
Es la primera vez y espero que no sea la ultima. Y como más me gusta es acudir como invitado y es que de jurado no me gustaría nada, la verdad, porque debe de ser un poco coñazo, verte cinco o seis películas al día, y sabiendo que no todas pueden ser buenas.
¿En 'Lobos de Arga' uno de los aspectos más chocantes de su interpretación debió ser el trabajar el acento gallego?
Para mí fue terrible. Me llenó de inseguridades.
¿Y el rodaje, con tanto actor disfrazado de hombre lobo, cómo fue?
Las fotos del making off y del rodaje son divertidísimas porque te encontrabas a personas disfrazadas, maquilladas de arriba a abajo de hombres lobo y fumándose un cigarrillo... es también cuando empiezan a hacerse las típicas fotos porno, pero entre hombres lobo, así para hacer tiempo antes de rodar. Entonces, creo que para la promoción de la película vendrían mejor las fotos de rodaje que las de prensa. Pero, en fin.
¿Se hacen muchas películas de temática vampírica o de zombis, pero el hombre lobo es el gran olvidado?
¡Claro! Es mucho más caro y mucho más complicado... Para un vampiro sólo se necesitan unos colmillos, y un zombi es, bien, algo más de maquillaje y prótesis, pero un hombre lobo ¿tú sabes lo que es? Ir cubierto de la cabeza a los pies de látex, de pelo, de maquillaje, ¡vaya, una barbaridad! Yo me reía mucho porque, en esta ocasión, no tenía que pasar por ese calvario, pero es que había como treinta personas caracterizadas así.
¿Y qué nos puede avanzar sobre su personaje en 'Extraterrestre', de Nacho Vigalondo?
Allí más que el compañero del protagonista soy su némesis. Soy un vecino incómodo que personaliza la culpa del protagonista, una especie de rémora, de castigo impuesto.
¿Una película además con muy pocos intérpretes?
Somos cinco personajes, y eso, digamos que yo soy el chungo. No sé porque pero hay una serie de directores que cuando piensan en el personaje chungo le ponen mi cara. Nacho Vigalondo es uno de ellos.
¿Cómo ha sido rodar con Nacho Vigalondo?
Es un tipo muy original, y que va pasado de revoluciones ya desde que se levanta,. Da la sensación de haberse tomado diez Red Bulls en cada hora. Tiene clarísimo lo que quiere, pero también le gusta improvisar, y... no sé como decírtelo, es un talento en bruto. A veces simplemente es un bruto.
¿Cree que el humor tiene sus límites?
Es la eterna pregunta. Para mí todo puede ser objeto de broma. Realmente todo depende de la manera de enfocarlo. Se pueden hacer situaciones de humor, por ejemplo, con minusválidos; pero teniendo en cuenta que no se está riendo de ellos si no de una serie de situaciones absurdas, que se plantean por la incomodidad que tenemos nosotros de tratar con determinado tipo de gente. De todas formas, hay una doble moral muy rara. Por ejemplo, el mismo Nacho Vigalondo tuvo un problema por hacer un chiste en Twitter por hablar de “campos de concentración”. ¡Ya ves! Era evidente que se trataba de una broma y hubo gente que lo quiso sacar de contexto llamándolo “antisemita” y una serie de cosas absurdas
¿Y los problemas que tuvo Lars Von Trier por hablar en Cannes sobre que “entendía a Hitler”?
En el caso de Von Trier no sé si fue una broma o no, pero no sé, la verdad, si sus declaraciones fueron tan escandalosas en sí, me refiero a que hay más bien una necesidad de generar polémica porque es lo que vende.
¿Le apetecería hacer un guión, una interpretación o algún sobre la crisis económica actual?
A mí particularmente no. Los temas excesivamente coyunturales o sujetos a la realidad no me interesan. Bueno, una película centrada en la crisis no sería lo que más me apetecería, como tema de fondo sí. Los temas sociales siempre parece que deben ir ligados a un mensaje, y tampoco no creo que deba ser así.
















