Ovación y orgullo: Stella McCartney triunfó el lunes en la Semana de la Moda de París con sus diseños para la primavera-verano de 2012. ¿Su receta? Sencillez. Elegancia. Curvas. Y transparencias. O cómo resultar clásico y original a la vez. O cómo mostrar que, donde otros usan la estridencia para suplir la falta de ideas, la creatividad va de la mano de lo práctico y que el futuro no tiene por qué resultarnos marciano. Papá, Paul McCartney, estaba orgulloso, claro, y bien pegadito a su novia, Nancy Shevell. No muy lejos también andaba Charlene Wittstock, la esposa de Alberto de Mónaco.
Monumentos andantes
Con perchas como la top model Natalia Vodianova, lo último de McCartney regaló un gratificante desfile. Escotes asimétricos se combinaban con grises, blancos o azules. Costuras con forma de ola se ceñían a los cuerpos, que levitaban mostrando algún que otro hombro desnudo. Recién cumplidos los 40, McCartney no tiene nada que demostrar: es una diseñadora solvente, capaz de reinterpretar el pasado. Sus vestidos no solo embellecen a la mujer: también, se ima-gina uno todo lo que la rodea. Lo visto el lunes en París llenará de monumentos andantes las más selectas terrazas de la Costa Azul, alguna isla italiana o Nueva York.
Había en cambio desconfianza con lo último de Ungaro, descabezada tras abandonar Giles Deacon la casa. Sin él, y obra de un trabajo común y anónimo, mucho estampado de fuertes colores, en una trepidante estética ideal para hembras alérgicas a la discreción. Como un viaje a los setenta, las telas vaporosas se rasgaban para mostrar piernas seguras de sí mismas. En tiempos revueltos, Ungaro, al menos, cumplió.
Frescura y feminidad
También lo hizo, o así lo piensan los más conservadores, la colección de Clare Waight Keller para Chloé. Aquí no hubo estampados ni estridencias sobre la pasarela, sino colores calmados.
En lugar de atrevimiento, los más apacibles cortes que uno pueda imaginar. Y adiós a los golpes de efecto: mejor, al menos en Chloé, las caricias visuales, el tenue soplo de aire fresco, las femeninas ganas de ir guapa, pero, desde luego, sin llamar mucho la atención. Para completar la jornada, Yves Saint Laurent. Tres años después de morir, la leyenda YSL sigue vigente.


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