Conserva todos los puntos fuertes del género: un puñado de héroes carismáticos que mejoran sus habilidades durante el juego, un mundo gigantesco por explorar y un argumento absorbente que va atrapando poco a poco.
Pero la saga Dragon Quest tiene muchas virtudes propias: sus bonitos diseños, sus espectaculares gráficos y, sobre todo, el sentido del humor. Todo, desde los enemigos (con un aspecto muy simpaticón) hasta los diálogos (algo 'picantillos' a veces), está hecho para sacarnos al menos una sonrisa. Eso sí, esto es RPG puro y duro; es decir, que las batallas son por turnos.
El jugador elige mediante menús qué debe hacer cada personaje, lo que le da un toque estratégico al asunto, pero le resta acción y puede echar atrás a los que vayan buscando subidones de adrenalina. Si este punto no te molesta y no te dejas engañar por el aspecto un poco infantil del juego, vas a disfrutar de una aventura como pocas.

Conviértete en un mítico guerrero, salva el mundo… y, de paso, échate unas risas con Dragon Quest: el periplo del rey maldito.
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