Siempre con pañuelo
Laleh, que comenzó a conducir con 13 años, compite en carreras de turismos con un sedan en cuyas puertas puede leerse: Little Scumacher, number 100 (Pequeña Schumacher, número 100). Siempre lo hace con casco, lógicamente, pero ataviada con su pañuelo azul en la cabeza. Uno de sus sueños es poder correr algún día un rally, pero, de momento, deberá esperar, pues aún no tiene el permiso pertinente para hacerlo, por el mero hecho de ser mujer. Ella sí ha tenido ya la posibilidad de medirse a hombres y derrotarlos, aunque no ha sido fácil, puesto que incluso en alguna ocasión se le ha llegado a entregar el trofeo al margen de la ceremonia oficial para no coincidir con los varones, que representan al resto de competidores, generalmente diez por carrera.
Sus seguidoras
Laleh está consiguiendo que Irán valore más a las mujeres, y éstas, que han tenido prohibido en muchas ocasiones incluso asistir a espectáculos públicos, no la han dejado sola. Sus carreras son presenciadas por una reducida pero fiel parroquia de mujeres que suelen acabar jaleando su nombre: «Yo voy a seguir siempre, y espero ser una campeona en los próximos años».


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