Por ahora nadie se ha atribuido los atentados, pero parecían tener muchos puntos en común con otros dos ataques perpetrados por un misterioso grupo en la costa del Mar Rojo de Egipto en los últimos dos años.
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Un total de 62 personas también resultaron heridas en las explosiones del lunes.
'Eran bombas que contenían pólvora y clavos y estaban equipadas con temporizadores', dijo uno de los responsables, que pidió no ser identificado. 'Estaba muy abarrotado y eso es lo que aumentó el número de víctimas'.
Un testigo, Husein Abdel Rahman, dijo que cuando fue a uno de los lugares momentos después de las explosiones no vio restos de nadie que pudiera haber sido el suicida.
'Las únicas personas heridas fueron los trabajadores y los niños alemanes, no vi el cuerpo de ningún suicida', dijo Abdel Rahman, un repartidor de carne que estaba trabajando en su tienda en ese momento.
El Ministerio del Interior egipcio dijo que un niño alemán murió en las explosiones, junto a otros tres extranjeros y 20 egipcios.
La inspección de la zona donde explotó una bomba no mostró señales de sangre en la zona más cercana, mientras que había significativas cantidades de sangre más allá.
El gobernador de la provincia de Sinaí del Sur, Mohamed Hani, dijo el lunes por la noche que creía que los atentados fueron obras de suicidas. La televisión Al Arabiya citó el martes a una fuente de seguridad diciendo que al menos dos suicidas habían muerto en las explosiones.
Entre los heridos había unos 40 egipcios, tres daneses, tres británicos, dos italianos, dos alemanes, dos franceses, un surcoreano, un libanés, un palestino, un estadounidense, un israelí y un australiano, dijo el Ministerio del Interior.
Fue el tercer atentado múltiple en el Sinaí desde octubre de 2004, cuando un pequeño grupo local atacó el hotel Hilton en la localidad de Taba, cerca de la frontera israelí, y dos zonas de playa.
Los atentados de Taba, y después otros en la lujosa zona turística de Sharm el Sheij, más al sur, en julio de 2005, mataron a 67 personas.
El objetivo esta vez era el económico centro turístico de Dahab, una zona de playas y submarinismo popular entre los mochileros.
El martes por la mañana, eran visibles charcos y rastros de sangre en un largo tramo del paseo marítimo, que está flanqueado por restaurantes y tiendas de recuerdos.
/Por Amil Khan y Cynthia Johnston/


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