Declaró que su sorpresa fue tan grande que antes de avisar a la Guardia Civil llamó a su madre y a su esposa para que le dieran su opinión y corroborar lo que él pensaba de esos restos.
González, de 40 años, dijo que al feto le faltaba la cabeza y un brazo y "otras partes del interior", y según los primeros análisis realizados por agentes del Seprona, de la Guardia Civil, los restos llevaban "una semana o más" abandonados.
El hallazgo se registró cuando José Orlando se encontraba en el segundo almacén de la empresa de Excavaciones y Construcciones González, realizando trabajos de mantenimiento de maquinaria cuando apareció la perra ante él procedente de un extremo de la finca con lo que parecían restos humanos colgando de la boca.
Recordó que después trató de que "Nana" buscara las partes que faltaban del feto pero la perra ya no quiso colaborar, posiblemente, dijo, asustada por la presencia de agentes y de curiosos.
Las primeras investigaciones indican que podría tratarse de un feto de cinco o seis semanas.
La parcela en la que se hizo el hallazgo se encuentra en el último tramo del río Miño y se cree que el feto pudo ser arrojado desde un camino, porque esta es una zona despoblada.
Orlando recordó que algunas noches su perra ladra porque "siente gente, pero quién se levanta a las tres de la madrugada para mirar quien es", y aclaró que el reside a unos 300 metros de esa parcela.


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