Cuarenta mandatarios extranjeros asistieron a la inauguración del museo, que explica en detalle cómo se produjo la aniquilación de seis millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, y también apunta a reforzar el mensaje de Israel, de que su existencia es esencial para evitar que se repita la tragedia.
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'El Holocausto no fue una experiencia sólo de los judíos. Es una experiencia de gran importancia para todo el mundo' dijo el secretario general de la ONU Kofi Annan.
'Todos hemos aprendido las lecciones de él', dijo Annan, quien tiene un vínculo personal con los eventos del Holocausto a través de su esposa, sobrina del diplomático sueco Raoul Wallenburg, que ayudó a salvar las vidas de 100.000 judíos.
La impresionante lista de dignatarios extranjeros que volaron a Israel para la ceremonia de apertura indica la importancia que asigna la comunidad internacional a que se mantenga viva la memoria del Holocausto, más de 60 años después de la Segunda Guerra Mundial.
El primer ministro francés Jean-Pierre Raffarin, el ministro alemán de Relaciones Exteriores Joschka Fischer y el presidente polaco Aleksander Kwasniewski, son algunos de los líderes que acudieron a la inauguración del museo, diseñado por el reconocido arquitecto Moshe Safdie.
Financiado por Israel y por la comunidad judía en otros países, el proyecto de 56 millones de dólares busca personalizar tanto a las víctimas como a los nazis responsables, narrando la historia del Holocausto por medio de exposiciones de objetos personales, diarios y fotografías.
MANTENER VIVA LA MEMORIA DEL HOLOCAUSTO
Hasta hace no mucho tiempo era común ver números de prisioneros marcados en los brazos de los supervivientes de campos de concentración que continuaban sus vidas en Israel, donde hallaron refugio.
Pero a medida que los supervivientes fallecían, y los que eran niños cuando ocurrió el Holocausto comenzaron a envejecer, el personal de Yad Vashem empezó a ver la necesidad urgente de diseñar un museo destinado a evitar que la tragedia se convierta en un evento abstracto, relegado a las páginas de los libros de historia.
Para personalizar al Holocausto, la conservadora del museo Yehudit Inbar entrelazó relatos de primera mano, usando artículos personales y testimonios de víctimas y supervivientes, con la narrativa histórica sobre el ascenso del nazismo en 1933, hasta el establecimiento de Israel en 1948.
'Les dimos a las víctimas una identidad. Les dimos una voz. Les dimos un rostro' dijo. 'Hicimos lo mismo con los nazis (...) mostramos quién era cada uno. Que no eran monstruos, sino personas que hicieron cosas monstruosas', agregó Inbar.
La idea de recopilar las historias de los supervivientes para narrar la historia del Holocausto surgió cuando un anciano le dio a Inbar unas gafas rotas que su madre le había dado al llegar a Auschwitz, poco antes de que la enviaran a las cámaras de gas.
Ahora, las gafas son uno de los tantos objetos exhibidos en el nuevo museo, al igual que un mechón del cabello de una joven muerta en un campo de concentración, una muñeca y una calle del Gueto de Varsovia reconstruida.
La filosofía del museo queda resumida en su Sala de los Nombres, en la que las fotografías y los nombres de tres millones de los judíos que murieron en el Holocausto rodean una grieta recorrida por agua. Yad Vashem espera que algún día pueda averiguar los nombres de todas las víctimas.
/Por Megan Goldin/. *.


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