Esta demora afecta a los planes de miles de parejas y obliga a muchas otras a ir a clínicas privadas, donde cada intento de tener un hijo probeta cuesta de 3.500 a 4.000 euros. La situación, a pesar de defraudar a muchas parejas, ha mejorado con respecto a los últimos años de la década de los noventa. En aquella época, las esperas llegaban a superar los cinco años.
Para atender a la cada vez más creciente demanda, se reestructuró el servicio de reproducción asistida del Hospital Universitario Miguel Servet. Sólo el año pasado realizó 540 fecundaciones in vitro y más de 600 inseminaciones artificiales.
Sin embargo, no es suficiente para atender a todas las parejas que recurren a los métodos artificiales. El servicio del Servet, además de atender a Aragón, asiste también a mujeres de Soria, Logroño y parte de Navarra y no da abasto para satisfacer tanta demanda, según explica Cristina Peña, presidenta de la Asociación de Infertilidad de Aragón.
Las esperas, que en los casos de fecundación in vitro llegan a los dos años, también afectan a las parejas que optan por la inseminación artificial (prescrita a las que tienen menos problemas de fecundación). En estos casos, las demoras rondan los seis meses, pero entre pruebas y visitas al médico pueden superar el año.
En otras comunidades, como Valencia, las demoras para la fecundación in vitro rondan los 12 meses.
Las claves
Fecundación in vitro. Consiste en extraer ovocitos de la mujer y fecundarlos en una probeta con el semen del hombre. El óvulo fecundado se vuelve a insertar en el cuerpo de la mujer. En la inseminación artificial se introduce el semen directamente en el cuerpo de la mujer.
Riesgo de aborto. A pesar de los avances técnicos, en las técnicas de reproducción asistida el riesgo de aborto ronda el 20% de los casos. No obstante, entre el 15% y el 20% de los embarazos terminan en partos múltiples, porcentaje muy superior a las gestaciones naturales.
El primer bebé probeta, en 1989. El primer bebé nacido en Zaragoza mediante fecundación in vitro vio la luz en 1989. Desde entonces, las técnicas utilizadas y la difusión de los métodos han disparado el número de parejas interesadas en este tipo de programas.
Lista de espera incluso en la privada. La edad cada vez más tardía a la que se tienen hijos ha aumentado el uso de la inseminación artificial o de la reproducción in vitro. El interés es tal que ya hay listas de espera incluso en algunas clínicas privadas, donde alcanzan los seis meses de demora.
El límite, en los 39 años
La sanidad pública sólo aplica técnicas de reproducción asistida a las mujeres de hasta 39 años de edad. Incluso en el caso de que se cumpla este requisito, sólo se puede acceder a un máximo de tres intentos. Si a la tercera no se consigue un embarazo satisfactorio, la mujer debe desistir. La alternativa, en estos casos, pasa por acudir a las clínicas privadas. La Asociación de Infertilidad pide que la sanidad pública financie estos tratamientos.
3.500 euros cuesta de media un procedimiento de reproducción in vitro en una clínica privada.

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