Pero la opción de elegir o cambiar el turno facilita también la realización de otras actividades (estudiar, atender a la familia) o de ganar más por el plus de nocturnidad, por ejemplo. Además, la empresa debe garantizar que este trabajo se realiza en unas condiciones mínimas.
Empleado a turnos
Por escrito: La empresa no puede imponer de forma unilateral la jornada a turnos. Debe plasmarse en el contrato, aunque sea voluntaria.
Cambios: La empresa puede prohibir los cambios de turno entre compañeros.
Descansos: El día y medio de descanso mínimo a la semana se puede quedar en un día, y las 12 horas entre una jornada y la siguiente, pasar a ser sólo siete, pero el empleado debe ser compensado en horas libres.
Dos semanas: Es el tiempo máximo consecutivo que puede pasar el trabajador en el turno de noche.
Plus de turnicidad: Algunos convenios establecen esta compensación añadida.
Trabajo Nocturno
Excluidos: No pueden realizarlo menores de 18 años, y mujeres embarazadas o en periodo de lactancia.
Jornada máxima: No excederá de ocho horas diarias, salvo excepciones o en el caso de vigilantes, personal de hostelería, transportes, etc.
Más controles: Los empleados deben tener revisiones médicas periódicas y si les causa problemas de salud, tienen derecho a ser trasladados a un puesto diurno adecuado si existe.
Plus de nocturnidad: No pueden cobrarlo panaderos, personal de vigilancia, etc., cuyo cometido se realiza de noche por su propia naturaleza.
Su experiencia
Francisco Cubero
Técnico de redes, 21 años
«Superviso una red de telecomunicaciones. Tengo tres turnos: de 7 a 3, de 3 a 11 y de 11 a 7 de la mañana. El cambio lo hago cada doce semanas y suelo tener un día entremedias, para descansar. Después del turno de noche me dan tres días, porque en ése duermo una hora menos de lo normal y cuesta más coger el sueño. Hasta que me acostumbro a la noche, tardo una semana. Preferiría tener un turno fijo porque los cambios te agotan».
Tamara Miró
Recepcionista, 27 años
«Trabajé dos meses en un hotel de cinco estrellas en dos turnos: de 7 a 3 y de 3 a 11. Me cambiaban cuando querían, a veces casi sin previo aviso, así que no podía hacer planes ni tener otras actividades. Al primer mes ya vi que no me gustaba. Lo peor era cada vez que tenía que cambiar de turno; me quedaba hecha polvo».
Malo para la salud
El ritmo biológico del cuerpo se altera cuando se trabaja a turnos (comiendo y levantándose más pronto o tarde de lo normal), pero sobre todo cuando es por la noche. Se habla incluso del síndrome de desadaptación al trabajo a turnos (SDTT). Se producen alteraciones digestivas, endocrinológicas y del sueño. Algunas de las consecuencias pueden manifestarse sólo a largo plazo y pueden derivar en trastornos psicológicos. De cara al trabajo, se reduce el rendimiento, ya que bajan la atención, rapidez y precisión.


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