La división de Italia entre derecha e izquierda, tras los comicios más igualados desde la Segunda Guerra Mundial, fue subrayada por el Papa Benedicto XVI, quien utilizó su mensaje del Domingo de Pascua para instar a los políticos del país a encontrar un sentido de unidad.
'En el peculiar momento que Italia ha estado atravesando en los meses recientes, que el Señor traiga acuerdo a la comunidad nacional y fuerza a aquellos que sirven el verdadero deseo de aplicar objetivos comunes y un auténtico avance por el bien de todos', dijo a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro.
Prodi - que logró una muy ajustada victoria según las cifras preliminares - ha rechazado la sugerencia de Berlusconi de que formen juntos un gobierno de 'gran coalición'.
'Cuanto más largo es el tormento, más dulce es la victoria', dijo un confiado Prodi a periodistas en su localidad natal de Bolonia, rechazando las acusaciones del centro-derecha de fraude e irregularidades electorales.
'La situación sigue siendo que uno ha ganado y el otro ha perdido, como sucedió la última vez. Él (Berlusconi) ganó por un margen muy pequeño, pero nadie objetó la victoria. Ya es suficiente, es hora de pensar en seguir trabajando'.
CANSANCIO
Berlusconi, el magnate de los medios que lleva al frente de Italia los últimos cinco años, ha descartado admitirlo hasta que los resultados sean oficiales, lo que no ocurrirá antes del jueves.
Pero muchos de sus aliados se han mostrado cansados del estado de indecisión y han dicho que la derecha debería concentrarse en la oposición a la izquierda en el Parlamento en vez de ofrecerse a trabajar con ella.
'Prodi ha ganado y la derecha tiene también la responsabilidad de gobernar', declaró el ministro de Trabajo saliente Roberto Maroni, del partido Liga Norte.
Como partido a la derecha de la coalición de Berlusconi, la Liga se opone a una gran coalición que concentraría el poder en el centro político y reduciría la influencia de los partidos más radicales. Maroni calificó el reparto de poder de Berlusconi como de 'proposición indecente'.
El ministro de Economía saliente, Giulio Tremonti, al que le gustaría una gran coalición, dijo que Prodi había ganado con una 'victoria pírrica' y predijo que el gobierno colapsaría debido a las diferencias irreconciliables entre sus facciones centristas y de la izquierda radical.
'La temporada de falsa amistad (en la coalición de Prodi), que ha sido esencial durante las elecciones, ha concluido, y ahora llega el tiempo de la enemistad', declaró, prometiendo que el centro-derecha haría una efectiva y unida oposición.
El primer gobierno de Prodi duró solo dos años y medio, hundiéndose en 1998 cuando el Partido Comunista retiró su apoyó. Prodi ha insistido en que esto no ocurriría de nuevo, ya que la izquierda más dura se había comprometido con su programa electoral y sería parte integrante de su gobierno.
/Por Robin Pomeroy/



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