Durante toda la jornada del martes, la plaza de Chueca era un ir y venir de personas con maletas. Por un lado estaban los miles de turistas que llegaban atraídos por el reclamo de las fiestas del Orgullo Gay. Y por otro, los muchos residentes del barrio que salían de sus viviendas huyendo del alboroto que se avecina. "Mientras unos nos vamos, otros vienen", apuntaba una vecina de Chueca que se marchaba de vacaciones al ver a una pareja de chicos saliendo con su maleta del metro.
Después de dos semanas de polémica, este miércoles comienzan las celebraciones más multitudinarias de la capital, más incluso que las patronales de San Isidro o La Paloma. El Ayuntamiento y los organizadores del Orgullo (Federación LGTB, Cogam y los empresarios de Aegal) prevén la participación de un millón de personas en las fiestas. Toda esa gente ocupará durante el día y la noche las calles que rodean la plaza de Chueca, un barrio donde viven actualmente 10.500 personas, según el padrón municipal.
Viajes o a casa de amigos
"Ante esta avalancha, la gran mayoría nos vamos. O, mejor dicho, nos obligan a irnos", certifica Esteban Benito, presidente de la Asociación de Vecinos de Chueca, el colectivo que denunció el ruido provocado por las fiestas. La solución más socorrida es la de coger vacaciones en el trabajo para estas fechas. Como ha hecho Eduardo García, que vive en la calle Gravina, justo encima del escenario de la plaza: "No aguanto estas fiestas, se han convertido en un macrobotellón y me siento encerrado en mi propia casa", decía por teléfono mientras esperaba un avión a Varsovia.
Yo soy gay y me encanta mi barrio, pero no me gusta el exhibicionismo ni el desmadre de estas fiestasOtros buscan alojamiento en casa de amigos o familiares y los que se lo pueden permitir se marchan a segundas residencias. "Yo soy uno de los autoexiliados. Me iré de aquí unos días. Yo soy gay, me encanta mi barrio, pero mi pareja y yo nos vamos porque no nos gusta el exhibicionismo ni el desmadre de estas fiestas", apunta Paco. Pero no solo los vecinos se van. También algunos comercios (sobre todo restaurantes) cierran estos días "porque la clientela huye", según el dueño de un local.
Sin embargo, en lo económico a la ciudad le compensa la avalancha de turistas de esta semana. La Concejalía de Economía prevé que los participantes en el Orgullo dejen en Madrid cerca de 30 millones de euros (que equivale, por ejemplo, al triple del recorte en asesores y directivos municipales anunciado la pasada semana por Gallardón).
Las fiestas comienzan hoy a las 21.00 horas, con el pregón en la plaza de Chueca a cargo del Gran Wyoming y de la vecina Esperanza Izaguirre. Los conciertos "silenciosos" se inician este jueves. También habrá actos en Callao, Vázquez de Mella, plaza del Rey y calle Pelayo.
Ellas salen menos del armario
A las lesbianas les cuesta más salir del armario que a los gays: el 65% de ellas aún no lo ha confesado en todos los ámbitos de su vida, frente al 55% de ellos. Se oculta más en el trabajo. El 50% de ellas se sienten rechazadas, frente al 38% de ellos.
Unos que vienen y otros que se van
"Siento que mi cama está en la pista de baile"
Laura freixas, vecina de chueca
Laura es escritora y una "enamorada de Chueca, de su ambiente de libertad y de todos sus habitantes". Pero estos días se marcha de viaje: "El ruido es insoportable, siento que mi cama está en medio de la pista de baile. Hay comportamientos incívicos, se emborrachan y orinan en la calle. Y es inseguro, hay tanta gente que ni siquiera llegan las ambulancias".
"Todos conocen vuestro orgullo"
B. Taylor y G. Bernard, turistas recién llegados
Brandon (California, EE UU) y Gilles (Montpellier, Francia) se conocieron en el aeropuerto, al llegar a Madrid. "El viernes llegan mi novio y dos amigos más. Todos los gays del mundo desean venir al Orgullo de Madrid", dice Brandon. Pero no solo buscan fiesta: "Aprovecharé los días para ver museos", promete Gilles.
"Aquí solo entran para beber"
Francisco y Concha, dueños de un restaurante
Van a cerrar su negocio cuatro días "para evitar problemas": "Estos días solo entran para beber y usar el aseo. De hecho, nuestros clientes habituales, que son gays en un 80%, ni siquiera se acercan por aquí. El Orgullo se ha ido degradando, hace años era respetuoso, pero ahora es un gran botellón".
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