La ola de protestas, que algunos han comparado con el movimiento de derechos civiles de los sesenta, responde a una ley que podría convertir a los inmigrantes ilegales en criminales, separar con un muro parte de la frontera estadounidense de México y castigar a grupos religiosos que ayudan a los trabajadores indocumentados.
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'La última vez que leí la Biblia, no había requerimiento alguno de revisión de pasaportes', se quejó Carol Vega, una portorriqueña que se unió a cientos de personas que marchaban por las calles de Washington hasta el edificio del Congreso.
Muchos llevaban camisetas blancas como símbolo de protesta pacífica y sostenían carteles que decían: 'Nosotros somos Estados Unidos'.
El Senado llegó la semana pasada a un punto muerto sobre un plan de compromiso que abriría el camino a la ciudadanía a la mayoría de inmigrantes ilegales.
La Cámara de Representantes ya ha aprobado otro proyecto de ley mucho más severo, principalmente con votos republicanos, centrado en la aplicación de medidas más estrictas para proteger la frontera estadounidense con México y duras disposiciones contra los inmigrantes ilegales.
'Venimos hasta acá, nos rompemos las espaldas y ellos nos discriminan y nos 'ningunean'', dijo Diana Delcid, cuyos padres llegaron desde El Salvador.
El senador demócrata Edward Kennedy dijo que las protestas recuerdan a las marchas que realizaron los estadounidenses de origen africano por sus derechos civiles hace medio siglo.
'El doctor Martin Luther King llamó a la nación a alcanzar la libertad', dijo Kennedy en el mitin de Washington. 'Es el momento de que los estadounidenses levanten sus voces una vez más, esta vez ante el orgullo por nuestro pasado inmigrante, para respaldar nuestro futuro inmigrante', añadió.
'PUNTO SENSIBLE'
Grupos de defensa de los derechos de los inmigrantes del área de Washington pusieron a disposición autobuses para transportar a cientos de manifestantes, incluyendo a trabajadores mal pagados contratados cada vez más para cortar sus céspedes y arreglar sus casas.
En Atlanta, una de las más de 60 ciudades donde se convocaron manifestaciones, la policía dijo que 40.000 personas atestaron las calles. En Phoenix, participaron unas 100.000.
En Houston, miles marcharon cantando 'USA, USA, USA'. Unas 10.000 personas se manifestaron por Boston y unas 8.000 marcharon pacíficamente a través del centro de Omaha, Nebraska.
En Los Angeles, la ciudad con la segunda mayor población mexicana del mundo tras Ciudad de México, los organizadores dijeron que unas 5.000 personas participaron en una vigilia.
Entre 11,5 y 12 millones de inmigrantes ilegales viven en Estados Unidos, según los cálculos del Centro Latino Pew y las encuestas han mostrado que los estadounidenses están divididos sobre cómo tratarles.
El presidente George W. Bush ha defendido un programa de trabajadores invitados que formaba parte del plan estancado en el Senado pero no incluido en la versión de la Cámara.
/Por Andy Sullivan y Thomas Ferraro/.*.

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