Coincidiendo con el inicio de la Semana Santa, "fechas en que son muy numerosos los visitantes españoles que acuden al Prado", Gabrielle Finaldi, director adjunto de conservación del museo, presentó esta y otras dos pinturas de temática religiosa.
La pintura pertenece a los momentos finales de la trayectoria de Juan de Flandes, artista que estaba muy al tanto del desarrollo de la pintura flamenca e italiana. Obra de madurez con efectos extraordinarios, de gran sutileza y organización del espacio que reúne todos los logros de la carrera de Flandes.
Una interesante composición
Llama la atención el especial interés que el artista puso en la representación de las emociones de cada personaje y la forma en que se esmeró en los detalles, como la larga melena de Cristo, las guarniciones del caballo del centurión, las calaveras o las joyas distribuidas en el suelo al pie de la cruz, que aluden al Paraíso y a la Tierra Prometida.
Su composición es perfecta, estudiada y de extraordinaria riqueza, muy poco común en la pintura hispano-flamenca, al conjugar de forma maestra tres elementos que difícilmente pueden encontrarse juntos en otras obras de la misma escuela y época: figuras, paisaje y naturaleza muerta.
El Museo del Prado enriquece sus salas, además, con la exhibición de otras dos obras: La Adoración de los pastores, de El Greco, y San Jerónimo, de La Tour, que a partir de esta semana pueden contemplar los visitantes de la pinacoteca.
- Paseo del Prado s/n. De 9.00 a 20.00 horas. 6 euros.
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