El 'síndrome del emperador' o del 'hijo tirano', cuando el maltratador es nuestro hijo

Hijos maltratadores
Cada año aumenta el número de denuncias de padres que sufren las amenazas y agresiones de sus hijos. (JORGE PARÍS)
  • Se consolida una tendencia: el incremento de las denuncias de padres agredidos y amenazados por sus hijos.
  • Los expertos tratan de explicar un fenómeno muy complejo, que implica déficits educativos, predisposiciones genéticas y la influencia de una sociedad hedonista.

Un joven albaceteño ha sido condenado a 21 meses de prisión por maltratar a su padre durante una década. El joven deberá además permanecer alejado del hogar familiar durante al menos tres años más. Su caso, aunque con los matices y las diferenciaciones que conlleva el hecho de que tuviera problemas con las drogas, pone de relieve un hecho preocupante: el aumento de casos de padres que denuncian a sus hijos por malos tratos, amenazas y agresiones: 2.966 casos, según la última Memoria de la Fiscalía General del Estads.

Estos casos engloban, mayoritariamente, agresiones de hijos de mediana edad a padres ancianos; pero también el caso que nos ocupa: adolescentes que agreden a sus progenitores.

Para José Antonio Luengo, jefe del Gabinete Técnico del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, "hay que tener cuidado con los datos, porque, aunque sí podemos decir que hay un incremento sustantivo año a año, no es que haya más casos ahora, sino que se denuncia más porque cada vez hay más información sobre el tema y los padres saben que estas situaciones no deben ser toleradas y que además tienen un tratamiento y un abordaje". Hay que alejarse de la idea de que esto solo pasa en familias desestructuradas

Vicente Garrido, psicólogo, profesor de Pedagogía en la Universidad de Valencia y autor del libro Los hijos tiranos: El síndrome del emperador, lleva años estudiando este tipo de agresiones y ha acuñado un término muy explicativo: el síndrome del emperador. "Se caracteriza porque el hijo abusa de los padres (madre, más habitualmente) sin que haya causas sociales que lo expliquen, y sin que estos hayan sido negligentes, es decir, que aunque no hayan sido unos padres 'perfectos', lo han tratado con un amor y atención que bastaría para que todos los niños sin tal síndrome crecieran como personas no violentas".

Para Garrido ahora se producen más casos que antes porque "en la sociedad actual hay un riesgo mayor. Antes el mensaje social era de contención y de guardar respeto por creencias, por los padres y los maestros. Hemos cometido un error de gran calado, hemos creído –y los psicólogos, pedagogos y educadores quizás hayamos tenido nuestra parte de culpa— que la conciencia, el sentimiento del culpa por nuestros actos, era algo obsoleto, propio de ideologías caducas, de una religión trasnochada. Pero es un error fatal, porque es la culpa la que nos hace del todo humanos; sin ella los otros se convierten en medios para nuestros fines, y no un fin en sí mismo. Observa a los psicópatas: su gran característica es que no sienten culpa alguna por sus fechorías".

Para el profesor Garrido, que también es criminalista, "el joven con el 'síndrome del emperador', en su desarrollo más completo, coincide con la personalidad de un psicópata. Pero la mayoría de los que poseen el síndrome no son psicópatas; aunque el síndrome incluye rasgos propios de ese trastorno, como una gran impulsividad, un profundo egocentrismo y la incapacidad de sentirse culpable".

Falsos estereotipos

Cuando se hacen públicos casos de padres maltratados por sus hijos uno tiende a preguntarse qué falló en esos casos, e inconscientemente se revisa la relación que cada uno tiene con sus hijos para tratar de detectar deficiencias educativas que estén contribuyendo a la crianza de un 'enemigo en potencia'. En esos casos es inevitable preguntarse si estamos siendo demasiados permisivos con nuestros pequeños 'angelotes' y tranquilizamos nuestras conciencias diciéndonos que la nuestra no es una "familia de riesgo". Pero caemos en tópicos que desmienten los especialistas. Un padre excesivamente permisivo tiene como resultado un hijo caprichoso e irresponsable, pero no un hijo violento

"Hay que alejarse de la idea de que esto solo pasa en familias desestructuradas", dicen desde la oficina del Defensor del Menor, a lo que la Fiscalía del Estado, añade en una circular de julio de 2010 que "no es infrecuente que el menor maltratador esté integrado en familias con nivel económico y social medio y alto" y apunta a "una evolución del perfil del menor maltratador", que tiende a ser indistintamente hombre o mujer, aunque elige mayoritariamente a la madre como víctima.

"La causa del síndrome del emperador no son los padres permisivos", añade el profesor Garrido. "Un padre excesivamente permisivo tiene como resultado un hijo caprichoso e irresponsable, pero no un hijo violento, salvo que esa permisividad implique una falta mínima de atención, en cuyo caso ya hablamos de padres negligentes (una forma de maltrato). La violencia hacia los padres exige que el niño no haya desarrollado la conciencia (los principios morales que incluyen el sentimiento de culpa)", explica e introduce el matiz de la predisposición genética.

"La violencia del síndrome del emperador se basa en dos aspectos: uno, una predisposición constitucional consistente en tener muchos problemas para sentir emociones morales y, por ello, para desarrollar la conciencia; y dos, un ambiente que no es lo suficientemente apropiado para inducir el autocontrol", dice Garrido, que insiste en evitar la crítica a los padres "en una sociedad que fomenta el egocentrismo de los 'emperadores". "La inmensa mayoría de los padres fracasarían ante un reto así", concluye.

Pero el sentimiento de culpa y frustración que sufren los padres que han tenido que denunciar a sus propios hijos es evidente, incluso para la propia Fiscalía del Estado, que recomienda a los fiscales de estos casos "desplegar toda la sensibilidad requerida en el tratamiento de unas personas que normalmente, cuando dan el paso de denunciar a sus descendientes, se encuentran totalmente desbordadas, derrotadas e impotentes, conscientes de su fracaso como padres y con un dolor insondable por denunciar a su hijo".

Detección precoz

Tanto fiscales como psicólogos subrayan la importancia de detectar precozmente el problema y pedir ayuda especializada, que probablemente incluirá una terapia familiar. Si se percibe el riesgo hay que acudir a los servicios sociales

Para Garrido existen tres síntomas fundamentales, que pueden dar pistas a los padres y que se observan en la segunda infancia (6-11 años): "Primero, una incapacidad para desarrollar emociones morales (empatía, amor, compasión, etc.) auténticas; ello se trasluce en mucha dificultad para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones. Segundo, una incapacidad para aprender de los errores y de los castigos. Ante la desesperación de los padres no parece que sirvan regañinas y conversaciones: él busca su propio beneficio. En tercer lugar, conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles hacia hermanos y amistades".

"Hay que actuar en cuanto se ve que el niño apunta maneras", dice desde la oficina del Defensor del Menor, que lanza un mensaje esperanzador: "Existen buenos recursos para el abordaje de esta casuística; los servicios sociales dan buena respuesta, también se puede acudir a un médico de cabecera o a un orientador escolar para pedir consejo".

El papel de la televisión y los videojuegos

Si en algo coinciden también los psicólogos al tratar de explicar el complejo cúmulo de circunstancias que se dan en los casos de 'hijos tiranos' es que es importante dedicar tiempo a la educación de los hijos. "Sin cantidad no hay calidad", dice José Antonio Luengo, "el tiempo para la educación es imprescindible, si no estamos con nuestros hijos, ellos están con las niñeras electrónicas, que antes eran los televisores y ahora son los ordenadores e Internet".

Vicente Garrido tiene su propia opinión al respecto: "Hoy en día hay un competidor brutal frente a una educación moralmente comprometida: la televisión y los videojuegos. La televisión enseña valores muy hedonistas y consumistas. También enseña conductas violentas.  Los videojuegos pueden todavía ser más dañinos en este sentido. Con los hijos tiranos el efecto de los medios es muy relevante, porque refuerzan la idea de que lo importante es triunfar obteniendo lo que uno quiere y sin que importen gran cosa los demás".

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