A sus 25 añitos, Léa Seydoux cuenta en su currículum con una colección de directores por los que muchos matarían. En menos de un cuarto de siglo ya ha trabajado con Woody Allen, Quentin Tarantino, Ridley Scott y a finales de año la veremos a las órdenes de J. J. Abrams, el padre de Lost, en la cuarta entrega de Misión Imposible.
Se presenta en uno de los salones del Hotel Martínez de Cannes con un conjunto de color marrón y una inusitada timidez por bandera para ser una actriz para presentar Medianoche en París, la cinta con la que Woody Allen inauguró el festival y que le ha servido para dar un pequeño empujón más a su carrera.
"No sé porque me ha escogido para rodar con él. Quizás porque soy rubia", bromea cuando se le pregunta por el proceso que le llevo a formar parte del equipo. Lo que sí sabe es que el Allen de la vida real es clavado al de las películas. "Es muy divertido en persona, se parece mucho a sus personajes", afirma.
Allen y Tarantino son la noche y el día, pero los dos son autores. La historia siempre nace de ellos y sus películas siempre son acerca de ellos Seydoux lleva el cine en las venas, de eso no queda ninguna duda. Nieta del fundador de la distribuidora Pathé, desde bien pequeña supo que se quería dedicar a ser actriz. "Hubo gente que se reía de mí cuando les anuncié mi decisión, pero hay que ser fuerte en esta vida", asegura. Dicho y hecho, la suya es una carrera que le ha llevado en poco menos de cinco años del anonimato a Hollywood.
Venecia, Cannes y Hollywood
A pesar de aparecer en un papel secundario en Malditos bastardos, con Tarantino, su primer paseo por una alfombra roja de relumbrón lo hizo en 2009. Fue a la Mostra de Venecia a presentar Lourdes, película que más tarde se alzaría con el primer premio del festival de cine de Sevilla. Pero la cosa no acabó ahí, el año pasado ya estuvo en Cannes por partida doble, con un pequeño papel en el Robin Hood de Ridley Scott y protagonizando Belle épine, una historia de una joven problemática en un suburbio parisino.
Después de ponerse al mando de Woody Allen, ha cruzado el charco para formar parte de Misión Imposible 4. De su experiencia en una superproducción se queda con Tom Cruise: "No era fan suyo antes de conocerle, pero ahora puedo decir que es un genio. Me impresionó, lo hace todo durante un rodaje y además es una persona muy tranquila, nada excéntrica".
"Quiero ser ecléctica", asegura para dejar claro que no quiere encasillarse en ningún tipo de cine concreto. Aunque si tuviera que escoger a tres directores, lo tiene claro: Woody Allen, Agnès Varda y nuestro Almodóvar. Y si tiene que comparar a Tarantino con Allen, "la noche y el día", asegura, dice que al final del camino, es imposible separarlos: "Los dos son autores. La historia siempre nace de ellos y sus películas siempre son acerca de ellos".
Pasada la presentación de la película, la actriz ya ha pasado también por el peor trago: la alfombra roja. "Es muy difícil hacerlo". ¿Por qué? "Intenta sonreir durante veinte minutos mientras posas para una cámara", espeta.
















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