El Barcelona debe extraer una serie de conclusiones tras el 0-0 ante el Benfica.
El empate sin goles que se vio en La Luz no es un buen resultado para los intereses azulgranas a tenor de cómo transcurrió un encuentro en el que los hombres de Frank Rijkaard tuvieron una decena de ocasiones clarísimas para finiquitar la ronda.
Van Bommel, Iniesta, Ronaldinho, Deco, Larsson o Eto'o no estuvieron finos en la definición -con dos balones a los postes incluidos- y el Benfica se escapó vivo ante su propia afición.
Resulta difícil tener tantas oportunidades y tan claras para sentenciar a domicilio un partido de competición europea, máxime si el torneo es la Liga de Campeones y el encuentro pertenece a una eliminatoria de cuartos de final.
Un poco sobrado
En Lisboa, el Barca tuvo una ocasión histórica de humillar al Benfica en su propio estadio y vengarse de aquella final de Copa de Europa que hace 45 años perdió en Berna contra los lusos por culpa de los postes.
Sin embargo, los catalanes no supieron noquear a un rival que durante muchos minutos estuvo contra las cuerdas, y regresaron de vacío a Barcelona, donde la próxima semana tendrán que completar el trabajo que ayer se dejaron a medias.
Tal vez tenía razón el técnico benfiquista, Ronald Koeman, cuando en la víspera apuntaba que veía a este Barca un poco 'sobrado'.
El conjunto azulgrana dio esa impresión en La Luz, porque cuando un equipo genera tanto peligro y es incapaz de finalizar en gol ninguna de esas jugadas, o es que ha tenido una noche aciaga o es que ha jugado sin el instinto asesino ni la tensión necesaria que se requieren para finiquitar un partido.
El próximo miércoles, en el Camp Nou, los locales saldrán a buscar el gol desde el primer minuto, y el Benfica intentará aprovechar los espacios que dejen atrás en alguna contra o sorprender en jugadas a balón parado para decantar la eliminatoria a su favor.
Impedir al rival que juegue
Tras la derrota en Stamford Bridge la pasada temporada, Rijkaard y sus jugadores aprendieron la primera lección: para ser campeones de Europa no es necesario jugar mejor que el rival; basta con impedir que el rival juegue.
Desde entonces, el equipo ha sabido mantener su estilo pero también jugar ese otro fútbol más rocoso y contenido que le ha permitido saldar su cuenta pendiente, eliminando este año al Chelsea en el mismo escenario donde la pasada campaña despertó de su sueño y aterrizó en el fútbol real.
Ahora le toca aprender la lección de La Luz para que lo de Lisboa no se repita de aquí siete días en el Camp Nou.
Y es que un equipo campeón no es el que crea diez oportunidades de gol, sino el que es capaz de hacerte uno con media ocasión.
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