En medio del incremento de la violencia sectaria, con decenas de cuerpos mutilados apareciendo cada día en el depósito de cadáveres de Bagdad, también se ha notado esta semana un aumento en el número de atracos por hombres uniformados a tiendas, oficinas de cambio de divisas y otros negocios.
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El lunes y el martes, 35 personas fueron secuestradas en cuatro ataques, incluyendo dos a tiendas electrónicas y uno en una oficina de cambio en la que los atacantes robaron 50.000 dólares. Se desconoce el paradero de las víctimas.
Entre las víctimas del ataque del miércoles en el acomodado barrio de Al Mansur hay tres mujeres.
Los responsables del depósito de cadáveres dicen que cada día les llegan entre 30 y 40 cuerpos, muchos de ellos con un tiro en la cabeza y señales de haber sido torturados.
La violencia sectaria ha escalado notablemente desde la destrucción de una importante mezquita chií en Samarra el mes pasado, y la tensión ha subido aún más por el asalto de tropas estadounidenses e iraquíes a un centro chií en el que murieron al menos 16 personas.
El Ejército estadounidense defendió la operación, pero el martes dijo por primera vez que parte de las instalaciones podrían ser una mezquita. Anteriormente había insistido en que no dañaron ni entraron en ninguna mezquita, a pesar de la acusación de los chiíes de que mataron a varias decenas de fieles desarmados dentro de la mezquita de Mustafa.
El número de bajas entre los soldados estadounidenses en cambio parece disminuir, y con los dos soldados tiroteados que murieron el martes en dos incidentes separados ha llegado este mes a 28, una de las cifras más bajas de los últimos dos años.
El ministro de Asuntos Exteriores de Irak, Hoshya Zebari, acusó a los 'países hermanos' de crear un ambiente que fomenta la lucha de los insurgentes contra las fuerzas dirigidas por Estados Unidos y de no hacer lo suficiente para sellar sus fronteras.
'El mayor apoyo (...) no está confinado sólo a proporcionar apoyo material y logístico, sino a crear un ambiente político y mediático que les acoge, que propaga y apoya sus reclamaciones vacías, como 'resistencia' o 'enfrentándose a la ocupación'', añadió.
La frustración en Irak también se ve apoyada por la falta de servicios básicos, ya que la electricidad, el agua potable y los servicios sanitarios siguen siendo un lujo para la mayoría.
Un inspector estadounidense para la reconstrucción, Stuart Bowen, dijo a Reuters en Washington que hay progresos, pero se mostró preocupado por la corrupción y el derroche.
/Por Omar al Ibadi/

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