Cuestionado dentro de su propio partido y con su popularidad de capa caída, el primer ministro francés, Dominique de Villepin, se aferra a su reforma laboral para jóvenes pese a la masiva protesta sindical y estudiantil que concentró el martes a más de un millón de manifestantes en todo el país.
La mayor de las concentraciones convocada por sindicatos y asociaciones estudiantiles en los casi ya dos meses de protesta contra el Contrato de Primer Empleo (CPE) fue, paradójicamente, la menos violenta, en buena parte debido al incremento de las medidas de seguridad.
Si entonces el primer ministro de la época, el también conservador Alain Juppé, acabó por retirar su reforma de las pensiones, Villepin parece determinado, de momento, a hacer frente a la presión de la calle.
Ante el empecinamiento de Villepin y la movilización de la calle, líderes sindicales y de la oposición socialista instaron al presidente, Jacques Chirac, a que intervenga "rápidamente" en el conflicto y haga rectificar a su primer ministro.
Mientras, el número dos del Gobierno y líder del partido conservador gobernante, UMP, Nicolas Sarkozy, quien el lunes se desmarcó de Villepin en el dossier del CPE, multiplica los mensajes de que, ante la magnitud de las protestas, el Gobierno tiene que mover ficha.
700.000 personas, sólo en París
La movilización multiplicó por dos las cifras del pasado día 18, en la tercera jornada de acción contra el CPE.
París volvió a acoger la mayor concentración, con 700.000 personas, según los organizadores (90.000, según la policía), que aseguraron haber reunido a más de 200.000 personas en Marsella (sureste), 100.000 en Burdeos (suroeste), 80.000 en Lille (norte), 63.000 en Grenoble (sureste) y 40.000 en Lyon (sureste).
Sarkozy, en la protesta
Sarkozy, que también es ministro del Interior, se trasladó a la plaza de la República, lugar del final de la manifestación, donde un centenar de jóvenes encapuchados protagonizó los principales incidentes con la policía.
El ministro felicitó a los agentes por la "sangre fría, su profesionalismo, abnegación y control", que "garantizaron la libertad de manifestarse y la seguridad".
En otras ciudades también se produjeron actos violentos entre manifestantes y antidisturbios, como en Grenoble, Lille, Rennes o algunas localidades de las afueras de París.
En paralelo a las manifestaciones, los sindicatos convocaron huelgas que fueron seguidas por un 30 por ciento de los funcionarios, lo que perturbó a los transportes públicos y a la enseñanza, entre otros sectores.
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