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Cada tarde conduce un programa en directo de cuatro horas de duración. En el plató de Sálvame, Jorge Javier Vázquez serena ánimos, ausculta corazones doloridos, aviva controversias, bucea en verdades y mentiras rosas, lanza una puya o improvisa rescates de colaboradores lacrimosos del servicio. Desde esta semana, compagina esas labores con la presentación de las galas del reality Supervivientes, cuyo estreno este jueves estuvo acompañado por un gran éxito de audiencia. Al teléfono, Vázquez parece más remiso que cuando pasea sonriente por la pantalla de televisión. Escoge con cuidado las palabras que no siempre encuentra a la primera. Titubea. Se sincera y asegura que nunca se consideró capaz de llegar a donde ha llegado.
Sálvame, Supervivientes… con esos nombres, la catástrofe se masca en el ambiente.
Me identifico con ellos. Me agrada definirme como un superviviente. El mayor logro es aguantar tiempo en este mundo televisivo, que puede llegar a ser muy duro.
¿Qué se siente al ser pluriempleado en plena crisis?
Me considero un privilegiado porque, además, hago lo que quiero y mi trabajo me divierte. Jamás pensé que podría llegar a lo que he llegado. Seguramente porque nunca he creído en mí. Jamás imaginé que podría presentar un programa en prime time o un gran formato o un espacio diario de cuatro horas. Sigo asombrado por lo que está sucediendo.
Nunca he creído en mí ¿Por cuánto dinero iría a la isla de Supervivientes?
No iría y espero no verme nunca en la tesitura de tener que ir por una cuestión económica. Admiro a quienes participan porque es un formato muy duro, pero a mí este tipo de aventuras no me gustan. Estuve en enero en Sudáfrica, en el parque Kruger, y me prometí que nunca volvería hacer un safari fotográfico. Ver la naturaleza en estado salvaje me dio mucho miedo.
¿Qué concursante cree que puede sorprendernos en la isla?
Todo el mundo tiene muy buena pinta sobre el papel, pero habrá que esperar a ver qué sucede ahora que están allí. Algunos concursantes de otras ediciones eran fortachones, cuidados, gimnastas, pero luego llegaban a la isla y se venían abajo. Te puede sorprender cualquiera. En cuanto a la colaboradora de Sálvame, Rosa Benito, antes de irse lo pasó fatal, se agarraba llorando a Belén Esteban… ¡Luego decía que creía que iba a ganar!
¿A qué político dejaría en una isla remota y a cuál sometería a un interrogatorio en Sálvame?
Lo primero, me lo callo. A lo segundo, me encantaría que viniera Rubalcaba, porque soy muy fan.
Telecinco y su programa siempre están en el punto de mira. ¿Cómo se sobrevive a tanta crítica?
En este trabajo hay que aprender a convivir con las críticas, si no sería una postura muy soberbia por mi parte. A la gente le gusta opinar sobre lo que ve, yo también lo hago. Sin embargo, a veces me duele que se menosprecie el éxito de Sálvame, un espacio que ha conseguido audiencias históricas en esta época difícil. A lo que ya no hago ni caso es cuando nos tachan de "telebasura". ¡He escuchado tantas veces ese término! Con esa palabra se despacha rápido una crítica, cuando esta debería analizar el programa, observar el trabajo de su equipo…
¿Qué crítica haría usted de Sálvame?
Diría que los colaboradores tuviesen a veces más… (pausa). Es que yo no lo criticaría. Estoy en casa y cuando lo veo los viernes pienso que es un programa con el que te lo pasas muy bien.
Después de la desaparición precipitada de Operación Triunfo, ¿cree que los realities tienen fecha de caducidad?
No. Un programa tiene fecha de caducidad dependiendo de si está o no bien hecho, pero el formato sigue funcionando.
'Sálvame' es neorrealismo televisivo, una ración diaria de vida ¿Y en qué estado de salud se encuentra el género rosa?
No lo sé porque no creo que Sálvame sea un programa de ese tipo. Siempre he dicho que Sálvame es una rara avis, un espacio de neorrealismo televisivo, una ración diaria de vida.
¿Le gustaría probar otros formatos?
No, no por ahora. Como he dicho antes, nunca pensé que conseguiría lo que he conseguido y estoy muy satisfecho.
¿Cómo es usted como espectador?
Soy bueno, la televisión me entretiene mucho. Por las mañanas veo a Ana Pastor; luego, me paso a Ana Rosa. Creo que tenemos unos informativos estupendos y una televisión muy variada.
Dicen que ha hecho las paces con Carmen Lomana. Esas broncas, ¿se quedan en el plató?
En primer lugar, no he hecho las paces con Carmen Lomana, sino que he ondeado la bandera blanca. Por otra parte, si tú vieras los disgustos que se llevan los colaboradores y los lloros y lo mal que lo pasan, te darías cuenta de que todo lo que ven los espectadores es verdad. Si no lo fuera, la gente no se lo creería.

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