El éxito del estándar GSM de telefonía móvil (perteneciente a la llamada Segunda Generación, o 2G) llevó a las telefónicas a desarrollar una nueva tecnología común capaz de añadir a la voz los datos con velocidades suficientes para navegar. Así se creó el estándar internacional UMTS, diseñado para que cualquier teléfono u ordenador equipado pudiese conectarse a la Red y/o enviar sonido, fotos o vídeo desde cualquier sitio.
La apuesta parecía clara a finales de los 90, cuando se veía llegar e el horizonte la saturación del mercado de los móviles. Tan clara que las telefónicas europeas pujaron miles de millones en las licencias necesarias para 3G. Luego los aparatos se retrasaron, la instalación de la red resultó cara, los servicios no acabaron de cuajar, el interés se redujo...
La situación hoy, en 2005, es que apenas se están empezando a desplegar servicios de conexión UMTS. El acceso a la Red vía UMTS se hace mediante una tarjeta PCMCIA en el portátil, o vía un teléfono equipado con la tecnología. El problema ahora es que la cobertura es baja y el precio sale caro, ya que el cobro se hace por bytes transmitidos; los pocos usuarios que hay suelen ser por razones empresariales.
En el ínterin se desarrolló una tecnología llamada GPRS, que fuerza el estándar GSM para conseguir velocidades de transmisión equivalentes a un módem antiguo.
Telefonear gratis. El verdadero problema del UMTS es que se ha ido extendiendo la idea de que WiFi supone un peligro real, para el 3G e incluso para los mismos móviles; con el crecimiento de la Voz sobre IP (VoIP) y nuevos teléfonos inalámbricos con WiFi las llamadas gratis vía Internet son una realidad. Y con gran cantidad de empresas y particulares prestando el uso de sus redes WiFi (voluntariamente, o por descuido) para el acceso a Internet, y muchos comercios añadiéndolo gratis como atractivo para atraer clientes a su negocio (cafeterías, bares, etc), el incentivo para pagar por el WiFi es bajo.
Especialmente interesante es el hecho de que cada particular que instala un punto de acceso abierto se convierte en redistribuidor de su conexión a Internet por un precio subjetivo casi cero.

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