La víctima, Andrew Morris, justificó su decisión con que simplemente ejercía su derecho a no querer vivir dada su condición, según New Zealand Press Association. El tipo de parálisis que padecía no afecta al cerebro y provoca el debilitamiento de los músculos hasta que la persona no puede moverse ni respirar sin ayuda.
Su cuidadora, Phillipa Grace, comunicó en enero que el enfermo únicamente ingería tres vasos de líquido al día y que su habla era prácticamente incomprensible.
Morris, contable y deportista regular, había elegido el método de la inanición para que ninguno de sus seres queridos tuviera que afrontar responsabilidades legales por su muerte. No obstante, las autoridades determinan ahora si Grace cometió algún delito al no haber proporcionado los cuidados mínimos para mantener a Morris con vida.

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