Villepin dijo que está dispuesto a discutir los aspectos que preocupan a los sindicatos, pero rechazó acérrimamente la retirada de la ley, que permite a los empresarios despedir a los jóvenes de menos de 26 años sin darles una razón durante un período de prueba de dos años.
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Ante un escenario en el que continuará la oposición al CPE - los sindicatos han convocado una huelga nacional el martes -, los analistas dicen que la inamovible postura de Villepin pone en riesgo sus veladas ambiciones para concurrir a las elecciones presidenciales de 2007.
Su principal rival entre los conservadores, el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, que también encabeza el partido Unión por el Movimiento Popular (UMP), ha apoyado hasta ahora a Villepin, pero los diputados de la formación dijeron que podía distanciarse de la ley si la crisis va para largo.
'(Sarkozy) ha mostrado su solidaridad y ha hecho propuestas', dijo la diputada del UMP Nadine Morano al diario Le Parisien.
'Ahora hemos de ver lo que está haciendo el primer ministro. En cualquier caso, Nicolas Sarkozy también tiene su análisis como político informado. Y lo expresará sin duda', añadió.
El ministro del Interior, habitualmente en el candelero mediático, esta vez se ha mostrado discreto respecto al CPE, dejando las críticas a los aliados de su partido.
Otro aliado de Sarkozy, el diputado del UMP Yves Jego, instó a Villepin a dar un paso político valiente para poner fin a la crisis.
'No podemos continuar con la actual situación, cada uno inamovible en su terreno - la calle con sus ultimátum y un primer ministro que no se mueve. Todo el mundo tiene que dar un paso hacia el otro', dijo.
Sarkozy está doblemente expuesto, porque como ministro del Interior tiene que mantener el orden ante las protestas que en ocasiones han acabado en enfrentamientos violentos.
El CPE supone una de las crisis más profundas a las que se ha tenido que enfrentar la administración Villepin, que lleva en el poder 10 meses. El primer ministro asegura que creará los empleos necesarios para acabar con el desempleo juvenil, que se sitúa en torno al 23 por ciento.
Los detractores, que sacaron a la calle a 1,5 millón de personas el pasado fin de semana, dicen que creará una generación de trabajadores jóvenes sin seguridad laboral.
/Por Kerstin Gehmlich/

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