La reforma de la ley permite esta posibilidad desde septiembre de 2004, aunque el coste del procedimiento puede ser demasiado alto para una persona acosada por las deudas. «Mis clientes han pedido ayuda a familiares para pagar, pero les sale más barato que responder a cada acreedor. Estoy seguro de que vamos a llegar a un acuerdo con ellos», aseguró ayer Jaume Pich, abogado de Gil.
Un respiro temporal
«La suspensión de pagos es un balón de oxígeno; el deudor logra un respiro temporal, pero la deuda se mantiene y si no se paga de acuerdo con lo pactado, el titular puede acabar perdiendo su casa, el coche o lo que tenga a crédito», explica la abogada M.ª Elisa Escolá.
Paso a paso
Para solicitar la suspensión de pagos hay que ser insolvente y tener varios acreedores. Una vez que el juez la concede, asigna un dinero para las necesidades básicas del deudor y nombra a un administrador para hacer un informe sobre su situación económica. Después llega la fase de convenio, en la que deudor y acreedores renegocian sus deudas. Si hay acuerdo, el deudor sale de la lista de morosos y comienza a pagar con las nuevas condiciones.

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