«¿Y a mí qué?», te oigo decir, darling, y yo estoy contigo. Porque, además de durar cuatro horas y de que a nosotros nos toque vivirlas de madrugada, cuantas más galas veo, menos las soporto. Ni siquiera la ironía del presentador Jon Stewart, la magia eterna de Lauren Bacall o la maestría de Robert Altman consiguieron disuadirme de que lo que estaba viendo era muy parecido a contemplar a alguien sacándose pelotillas del ombligo mientras se besa narcisista ante un espejo.
Tal vez la comparación no sea muy gloriosa, pero tú me entiendes. En fin, otra edición más, huera y aburrida. ¿Será inevitable? De momento, en España, TVE parece haber decidido que este año no habrá gala de la Academia de Televisión. ¿Lo soportará Ana Rosa Quintana?




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