Inspección técnica

Ni los usuarios (muchos) del transporte público ni la gente (bastante menos) que cambia de coche cada dos años, sufren la tensión que genera la ITV. Pasa que mucha gente le coge cariño al coche y se ve en la terrible circunstancia de un chequeo al viejo amigo. La frialdad del operario que realiza la inspección contrasta con los nervios de los dueños, que, mientras se muerden las uñas, dan exageradamente las gracias y mascullan disculpas sobre ese ruidito del motor o ese elevalunas que se atasca. Los exámenes del colegio no acaban nunca: al crecer nos puede tocar una inspección de Hacienda, unos análisis para el colesterol o un control de alcoholemia. Y no podemos copiar en estas pruebas. Es la Inspección Terrible de la Vida. ¡Vaya asco! julian@discosdefreno.com