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Vuelven las golondrinas

Decía Federico García Lorca que «marzo pasa volando», y tenía razón. Acabamos de iniciar el mes, bien metidos todavía en un duro invierno que no acaba de finalizar, pero la cercanía de una primavera esplendorosa nos hará olvidar enseguida estas nieves y estos fríos. Añadía Lorca: «Enero para mis ojos viejos, marzo para mis frescas manos». Y tenía razón de nuevo, pues la sangre subirá enseguida por nuestras refrescadas extremidades a golpes de calor y pasión. ¡Ah, la primavera! Cuanto más la deseamos, más lejana parece.

Pero llegará, no lo duden. Como acaban de llegar de África sus primeras emisarias, las «oscuras golondrinas», para de los balcones «sus nidos a colgar». Poco importa que Bécquer se equivocara, que quienes cuelgan sus nidos son los aviones. Juan Ruiz vio la primera la semana pasada en unas graveras de Soto Pajares (Madrid), luchando contra un viento gélido que desmentía esa idea de que son mensajeras del buen tiempo. La naturaleza es dura, y lo más probable es que haya muerto en su aventura por ser la primera en ocupar un buen territorio de cría. La falta de comida, de moscas y mosquitos, más que el frío, es la principal causa de mortalidad en estas fechas. Otras vendrán con más suerte, mejor clima y más insectos. Será entonces cuando nuestros padres expliquen a nuestros hijos, como hicieron sus abuelos con ellos, que la golondrina es un pájaro bendito, al que no se puede matar pues su muerte traería mil desgracias, ya que fue ella con su pico quien retiró a Jesucristo las espinas de la corona. Y por eso su blanco pecho está teñido de rojo. Y por eso en las casas donde anidan las golondrinas no caen nunca rayos.

cjpalacios@wanadoo.es

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