La forma que tiene Sole Giménez de acariciar melodías, sin causar destrozo, le permite cantar casi cualquier cosa. Más que nada porque, además de poseer una voz flexible y agradable, ligera, no se sale de la elegancia cuando se atreve con temas de otros, a saber, superventas como el Quisiera ser de Alejandro Sanz o clásicos como Volando Voy.
Pequeñas cosas (Warner) es un disco de versiones aceptables -que incluye dos canciones de la solista- para disfrutar en clave de jazz o bolero, por ejemplo: distintas y nada chirriantes suenan Una décima de segundo o Soy rebelde; mejorables, Lía y El sitio de mi recreo (normal, por otra parte). Un ejercicio bien resuelto.
Nueva incursión en el pop-rock de la soprano vasca Ainhoa Arteta. Y poca cosa que rescatar. Las pretensiones previas de Don't give up (Vale Music) tenían el listón un poco alto y no queda claro si la culpa la tienen los arreglos superpuestos a algunas de las versiones o, sorprendentemente, la voz de la propia intérprete, que no terminan de cuadrar con U2, Charles Aznavour y Guns N' Roses.
En el caso de Smells like teen spirit, una no puede evitar pensar en el hilo musical de un ascensor. Javier Limón, corresponsable del invento, no ha acertado esta vez. No obstante, Sad Eyes y hasta Se dejaba llevar (Antonio Vega, de nuevo) tienen un pase.
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