Las cosas claras: Hombres G no hacen rock y David Summers nunca tuvo voz de tenor. Dicho esto, el grupo ha crecido mucho -aunque sin perder las letras, el estilo- desde las chicas cocodrilo -muchos fuimos fans-.
Y hoy día, escuchadas las diez canciones e incidiendo en los arreglos de Desayuno Continental (Sony Music), podemos decir que los madrileños saben lo que hacen. De todo hay en su nueva etapa, desde ecos del pasado en Aprendiendo a volar hasta extrañas -atractivas- derivas en Sistema solar. No puedo soportar perderte, con perdón, suena de refilón a Beatles; el conjunto, con el toque de un iluminado Carlos Jean en la sombra, es muy decente.
Fue todo un espejismo. Escuchar el segundo corte -SOS- de Progress (Polydor) y pensar que, a pesar de todo, la (re)unión de Take That no iba a ser en vano. No lo será por cuestiones de éxito, de nostalgia o de marketing, claro, pero el supuesto giro conceptual y la (re)mezcla de Gary Barlow y Robbie Williams resulta confuso.
Las ínfulas del grupo -¿cuánto durará el amor?- apuntan a The Killers, Muse y el pop nórdico del pelotazo; pero el resultado es demasiado sonrojante en algún que otro tema, como What do you want for me. Poco más que decir, sólo que puede que no guste del todo a los fans acérrimos, aunque después les sigan hasta el fin del mundo.
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