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Pornografía infantil

Un madrileño normal, feliz en su ciudad natal,

doctor valorado, habitual en un corriente hospital,

casado y con dos hijos, a los que demuestra querer,

aparte de fumar, peores vicios no parece tener.

Otro individuo, éste podría ser de cualquier parte,

artista y diseñador, que muestra al público su arte,

hombre de viajar, de conocer mundo y a la gente,

un gran lector y sin peores vicios aparentes.

Continúo con otro señor, el sacerdocio es su oficio,

devoto de la Iglesia Católica, desde el principio,

destacando entre muchos por su fe y sus servicios,

y como tal, casi impensable que éste tenga vicios.

Sigo con otro gran hombre, un gran empresario,

factura por sus negocios, miles de euros a diario,

mujer e hijos, con una vida más que acomodada,

y que con los vicios comunes, ya no disfruta nada.

Son cuatro personas aparentemente normales,

médicos o empresarios, hombres, no animales,

que han sucumbido, si no por vicio, por aburrimiento

o curiosidad, ante algo tan infame y vil,

como apoyar con su dinero, la pornografía infantil.

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