En realidad, durante siglos se rigieron por su derecho propio e incluso Fernando VI dio a sus leyes y costumbres carta de naturaleza. El Estatut de Catalunya reconoció su personalidad y en 1990 se publicó una ley específica para el territorio por el que se le conferían competencias en cuestiones referentes a la cultura y lengua (derivación del occitano con influencias gasconas) y otros aspectos de la administración. Ahora, los partidos políticos araneses, con su síndico Carles Barrera a la cabeza, piden que, aprovechando la modificación del Estatut catalán, se le de al valle un mayor protagonismo identitario, tanto político como lingüístico.
Entiendo que no se les pueden negar las singularidades solicitadas. De no hacerlo así sería lo del porrón: « El gollete grueso ( la modificación del Estatut de Catalunya ) para nosotros y el estrecho para los demás». A todas luces injusto y falto de razón.




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