¿Por qué, entonces, tengo la sensación de que aquí, como en los regalos trufados de la serie de la HBO, huele a letrina? En mi niñez solía triunfar una apostilla definitiva dedicada a quienes cometían la imprudencia de tirarse pedos en público: «Alguien se cagó y no fue de risa». Sé (y cada día me lo recuerdan) que la inocencia ya no existe. Deduzco, por tanto, que la risa y el mal olor son simultáneos, de los mismos dueños. Your fragance, your rules.
... y no fue de risa
En los últimos capítulos emitidos por La 2, un hijo despechado de uno de los protagonistas se dedica a enviar a la funeraria-hogar de la familia Fisher- malolientes regalos: heces, arte bruto. Madrid es un gran regalo en estos días de infinita bondad: trajecitos nuevos, besugos (incluso con corbata), dádivas de empresa, balances administrativos, top-danza, cavas de cualquier Milosevic...


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