La camisa que usted lleva puesta con etiqueta española puede haber sido hilada en Turquía con algodón de la India y estampada en Italia con tintes de la China. Este largo recorrido, que tan bien suena en la publicidad de unos grandes almacenes, esconde una de las mayores injusticias sociales. El precio del exótico viaje es la explotación laboral de miles de personas y el enriquecimiento descontrolado de unas pocas multinacionales.
En Camboya la gente trabaja por 37 euros al mes con contratos de uno o dos meses y sin poder acceder a los derechos más básicos. En las zonas francas del Sur son las mujeres y los niños quienes confeccionan la ropa y el calzado de moda que nos ponemos en el Norte. En paraísos industriales como ese, sin sindicatos ni leyes medioambientales, no hay reglas para unas multinacionales que no pagan impuestos y sacan el dinero como les da la gana, una auténtica ganga.
La ONG Setem lleva años denunciando estos abusos en su campaña Ropa Limpia y este domingo nos invita en La Beneficència a la II Pasarela de moda justa. ¿Otra producción textil es posible? Pasen y verán.




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