Acaso tengan razón, sobre todo si atendemos al aspecto y la vestimenta de algunos bebés de los barrios altos o de la Ruber Internacional, pero los niños, como enseñan en los colegios públicos –en los privados, Dios y Esperanza proveerán–, nacen a partir de las amorosas secreciones humanas, mientras que las chinchillas, cachorros y demás tropa animal de regalo nacen del bolsillo del consumidor caprichoso, tanto y tonto.
Secreciones y chinchillas
Por ende, nunca tuve mascotas distintas a la foto de Buenaventura Durruti de la mesilla de noche. Podrán ustedes argüir que soy padre y que los hijos, más allá de consideraciones sentimentales, no dejan de ser una suerte de chinchillas con cierto cociente intelectual.


las chinchillas cambian el pelo?
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