En esta ocasión funcionaron los sistemas de predicción, activados nada menos que por el Centro Nacional de Huracanes con sede en Miami. Pero sorprendentemente, los animales lo sabían mucho antes.
El día anterior, con el tiempo en calma y una temperatura primaveral, cientos de gaviotas revoloteaban nerviosas por el interior de la isla de Fuerteventura gritando sin parar. Cuando Vicente Peña, ganadero experimentado, las vio, no tuvo duda: «Se acerca una tormenta de las gordas».
Este sexto sentido de los animales no es una novedad. En Japón, el pez gato predice desde hace siglos la llegada de terremotos. Y hasta las moscas, cuando están especialmente incordiantes, son claro síntoma de que va a llover. Lo que ni Vicente ni yo sospechábamos era que la naturaleza se iba a rebelar de una manera tan brutal. Ni los más viejos del lugar recuerdan una furia semejante.
Dicen los expertos que la culpa es nuestra, que es la respuesta del planeta al cambio climático provocado tras 100 años de contaminación irreflexiva. En Gran Canaria El dedo de Dios, un bello roque marino símbolo de Agaete, se ha venido abajo como un puñetazo divino contra nuestras conciencias. Es el mejor símbolo del grito sordo de la naturaleza ante nuestro desarrollo insostenible, del que Canarias es paradigma irreflexivo. Si los animales, además de barruntar el futuro, pudieran hablar, ¿qué nos llamarían?


Nos llamarían de todo, y seguramente nada bueno. De hecho, estoy seguro que ya lo hacen. Sólo podemos confiar que ese sexto sentido no se convierta en sentido criminal, que nos lo merecemos, porque iríamos aviados.
Hay un dicho en Galicia (tierra de marineros), que reza así:
"Gaivotas a terra, mariñeiros á merda"
"Gaviotas a tierra, marineros a la mierda". Cuando las gaviotas revolotean graznando por la costa e interior,es que va haber muy mal tiempo.
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