...Y España fue al espacio

Ya que este año estamos de celebraciones –Quijote, Einstein...–, conmemoremos el nacimiento de la astronáutica española: el 15 de noviembre de 1960. Ese día, José Manuel Aniel-Quiroga, ministro plenipotenciario en la Delegación Permanente de España cerca de las Organizaciones Internacionales de Ginebra –olé por el nombre del cargo de marras–, informaba al ministro de Asuntos Exteriores de que se celebraría el día 28 de ese mes «una reunión para la constitución de una comisión preparatoria que estudie la creación de un centro europeo de investigaciones espaciales».

Había que conseguir que nos invitasen a participar en lo que se llamaría la Comisión Preparatoria de la Organización Europea de Investigación del Espacio. Era una oportunidad única. Pese a haber firmado un acuerdo de colaboración con los EE UU, nuestra presencia en organizaciones de Europa occidental era casi nula. Políticamente era prioritario meter la cabeza en alguna, y la del espacio estaba a tiro.

El presidente de la Comisión Asesora de Investigación Científica y Técnica, Manuel Lora-Tamayo, dio el visto bueno a participar en la reunión de Meyrin, en la sede del instituto de investigación nuclear CERN. Al final se logró que Suiza invitara por escrito, en calidad de observadores, a la delegación española. El grupo español tenía un objetivo claro: conseguir que nuestro país fuera aceptado como miembro de pleno derecho. Aniel-Quiroga realizó una intensa labor diplomática que culminó en la última sesión, cuando se aceptó su petición por unanimidad. Fue un gran éxito: España llegó como observador y dos días después firmaba el acuerdo de Meyrin como miembro de pleno derecho.

La aventura espacial española había comenzado. Que los políticos dieran dinero para ello es harina de otro costal.

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