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Aplaudir es sano

Se puede aplaudir al contrario sin que signifique ninguna renuncia a las convicciones propias. Los espectadores que aplaudieron las dos galopadas de Ronaldinho que concluyeron en gol no tienen que avergonzarse de nada.

Nuestro deporte está sobrado de dramatismo, de reproches que arrancan en el pasado. La mayoría encuentra en cada partido motivos para afrontarlo más como una venganza ante el equipo visitante que como un momento para disfrutar de los suyos. Los fantasmas políticos, de nacionalismos e incluso racistas, pueden con el espíritu deportivo. Algunos reconocieron que el Barcelona actual es superior al Real Madrid. Es más equipo, tiene un sistema consolidado y ofrece espectáculo.

Encontrar en el 0-3 algo más que la resultante del estado de forma de dos equipos de fútbol no tiene sentido.

Disfrutar y aplaudir es de personas sensatas, ¿acaso en un concierto de música se aplaude en función del lugar de procedencia de los cantantes?

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