Siempre me ha fascinado la capacidad de las series protagonizadas por señoritas de buen ver para que si en un lance se tienen que llenar de mierda, sigan igual de monas.
Pasa mucho en Entre fantasmas, por ejemplo, serie protagonizada por Jennifer Love Hewitt, que está igual de aparente haciendo de viva que de muerta e igual de arregladita siendo corpórea o haciendo de etéreo (pero sexy) espíritu.
También le pasa a la protagonista de Bella Calamidades, que se pasa el día como una mendiga, llenita de caca y vestida de harapos. Eso sí, el pelo enmarañado está cardadito y simétrico, las manchas de porquería de la cara realzan sus pómulos y los andrajos dejan un generoso escote y una visión panorámica de sus piernas depiladas.
Pero esto viene de lejos. Toda la vida hemos podido ver cómo las actrices se levantan maquilladas o cómo salen de alguna aventura con la permanente hecha. Y es que, amigas, no hay excusa que valga para no ir arregladitas.




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