Se levantó el telón. Cuando Miguel Ángel Solá se dirigió al público desde el proscenio, algunos –supongo que desconocían el argumento de la obra– contestaron en voz alta a sus preguntas retóricas. Seguramente pensaron que quien les hablaba era el actor y no su personaje en Por el placer de volver a verla, Miguel, a secas. Lo traigo a colación para que se hagan una idea –por si no se la hacían ya– de la inmensa calidad interpretativa del argentino.
Solá y su pareja, Blanca Oteyza, han vuelto a elegir, como en Hoy: el diario de Adán y Eva de Mark Twain, una pieza intimista para conquistar de nuevo a los espectadores españoles. Ésta, del canadiense Michel Tremblay, narra la hermosa historia de un dramaturgo marcado por el amor y el imaginativo carácter de su madre, Nana, un personaje deliciosamente dibujado, tierno y entrañable, pero tan real que no empalaga.
Manuel González Gil repite en la dirección y firma con los propios Solá y Oteyza una muy buena versión del texto. Ella está genial cuando sale a relucir la vis disparatada y cómica de Nana. Él –permítanme que me repita– alcanza un nivel de realismo insólito. Se bajó el telón. A algunos se les cayó una lagrimilla.
* En el Teatro Amaya de Madrid hasta el 2 de mayo. Más fechas, en www.conchabusto.com
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