Susto o muerte

La tía Eduvigis entra en la cocina para hacerse un cola-cao y le da un infarto al descubrir una sombra amenazadora que, en realidad, es usted sacando una cerveza de la nevera.

No se sienta usted culpable: es el miedo ancestral a la presencia ectoplásmica, al fantasma del abuelo. (Y bien, sí, el abuelo era un fantasma, pero era un buen chico: no tiene sentido tenerle miedo ahora que lleva años criando malvas).

Lo curioso es que si usted pretende matar de un susto al primo Eduardo poniendo la voz de la niña de El exorcista detrás de una puerta, seguro que no lo consigue y le dicen que deje de hacer el tonto.

Lo que de verdad puede matarlo es que entre usted en la salita distraídamente y le pida fuego. Si su primo no ha advertido su llegada, caerá fulminado. He aquí el crimen perfecto. De nada. julian@discosdefreno.com