Madrid como videoconsola

Sé que otros mencionan la falta de escrúpulos (sospecho que la acusación proviene de la excesiva deglución de películas del doctor Fu Man Chu). Me gustan más los chinos que esos japonesitos tan cool que venden con zorruna inteligencia las transnacionales del consuelo solitario e insolidario (Sony, por ejemplo).

De China aprendí que lo blando es duro, que los fideos saben mejor que los garbanzos; que la única religión admisible es el taoísmo; que la poesía de Li Po (701-762) gana de calle a Lorca; que el Tai Chi cura la depresión mejor que la benzodiacepina; que Wong Kar-Wai es el mejor cineasta vivo... Ahora resido allí, en nuestra Chinatown madrileña, donde unos calcetines con calaveras cuestan un euro (en el mercado de Fuencarral, 15).

El alcalde quiere que Lavapiés sea cool (es decir, caro, engominado, japonés). El alcalde quiere tocar su piano de cola en un Madrid tan plano e insolidario como la vida dentro de una videoconsola.