Todos sabíamos que no lo haría, y aun así fue un coitus interruptus. Samanta Villar, a la que alabo el valor en la mayoría de sus reportajes, se rajó al fin.
Su último especial, 21 días en la industria del porno, se aleja del espíritu de sus trabajos y de su lema: "No es lo mismo contarlo que vivirlo". En sus anteriores reportajes se ha metido en la piel de las historias que ha contado, incluidas explotaciones mineras peligrosas, mendicidad, chabolismo...
Pero la moral, el pudor o quién sabe qué hicieron que la reportera no se atreviera con su última apuesta: el porno. No me tachen de pervertido. No critico que la muchacha dejara de hacer una escena porno, sino que vendiera durante todo el reportaje que lo haría y en los últimos minutos lo hiciera "como directora".
Puede decir con toda razón que no prometió nada al respecto, pero sería una hipocresía, letra pequeña. Estuvo 21 días fumando porros, pero no pudo estar unos minutos practicando sexo. Espero que la buena audiencia que tuvo le mereciera la pena.


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