En el cartel rezaba «Libre» y muchos nos colamos en una ratonera donde no había sitio. Yo llevaba a un pastorcillo al portal de Belén. Prisas, tarde, no llegábamos a la función. Sólo había un minúsculo espacio entre dos columnas. Indignada me fui pal encargado y le dije que no tenían vergüenza y que le pensaba denunciar (y lo voy a hacer a la OCU, que conste). «Pues, sí, sí que tiene un sitio», se refería a una trampa entre columnas. «Oiga, mi coche ahí no cabe». Que sí, que sí. Que no, que no. No sé cómo me convenció y roce al canto. Y si hubiese conseguido aparcar ¿cómo iba a salir? Es ilegal llamar plaza de aparcamiento a espacios que no cumplen lo reglamentario. Y el tío lo sabía… Así que intentó hacer de calzador. ¡Si conoceré yo mi coche! Pero, bigotes, te voy a denunciar y no me arrepiento de todo lo que te dije, hay que tener la cara muy dura. Al final aparqué gratis en un sitio indebido, pero los angelitos de la guarda se portaron y no me pusieron multa.
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