En esencia la teoría de juegos confronta cooperación y egoísmo de los individuos para tomar decisiones. Por ejemplo, para repartirse una tarta dos personas que desean el mejor trozo, una opción es que uno parta y el otro elija primero.
Maragall y Zapatero mantuvieron una reunión el pasado miércoles que merecía una teoría de juegos. Algo así como el dilema del prisionero: dos procesados, interrogados por separado, que saben que el que delate saldrá libre y el otro condenado a tres años; si ambos callan la condena sería a un año, mientras que la confesión de ambos supone dos años.
La teoría concluye que habrá delación y pena de dos años más que silencio penado con uno. ¿Encaja el dilema del prisionero en la partida entre Maragall y Zapatero? ¿Y en la de Zapatero-Rajoy, o de Maragall con Mas y Carod? Los primeros intentan el Estatuto posible, que les permita a ambos ganar las elecciones. Pero, ¿cuánto pueden ceder y cuánto tienen que imponer como para evitar perder la posición en las otras simultáneas que ambos juegan con sus otros oponentes políticos?
Puede venirles bien someterse a un ejercicio teórico-práctico de teoría de juegos. En cualquier universidad de tronío, les pueden proporcionar materiales y medios.


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