En Valladolid empieza a notarse tímidamente el cambio, con noches donde el termómetro frisa los cinco grados, pero por el día Lorenzo sigue calentando de lo lindo. Así que las bellas choperas del Duero y el Pisuerga apenas han comenzado a teñirse de oro, a regalarnos inolvidables paseos sobre una alfombra de olorosas hojas secas. El retraso también se acumula en la vendimia de la preciada uva ribereña, para la que habrá que esperar como mínimo a la fiesta de la Virgen del Pilar, pero que, a decir de los expertos, viene este año tan escasa como excepcional en calidad.
Septiembre frutero, alegre y festero. Y digo yo que si la uva va a ser buena, también lo serán las endrinas. Tiempo pues de pacharán. Ya saben, medio kilo de la suculenta fruta silvestre, anís u orujo, unos granos de café y a reposar tres meses en la botella. Ideal para cuando apriete el frío.
Tiempo igualmente de ir a por setas, si es que por fin se decide a llover. Y si no llueve, aprovechen para subir a la montaña y buscar su rincón mágico. Antonio Machado no lo dudaba: las mezclas cromáticas de dos bosques en uno son lo máximo, porque «¿Quién no ha visto sin temblar un hayedo en un pinar?».
Si no desde el bosque, aprovechen el próximo lunes para disfrutar desde donde puedan con la contemplación del primer eclipse anular de sol visible desde España en los últimos 241 años. La cita es a las 11 de la mañana. ¿Se apuntan?


Parece que a la gente sólo le gusta comentar donde hay polémica... En fin, es lo que se lleva.
Me gustan bastante las columnas que escribes, César-Javier.
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